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Alarma económica, es hora de actuar

El Gobierno debe reaccionar ante las advertencias del Banco de España o la Airef y hacer posible, con consenso, unos Pactos de la Moncloa del siglo XXI

Las nuevas proyecciones económicas del Banco de España y las estimaciones de la Airef, aún más pesimistas, no dejan lugar a la duda: el crecimiento que esperaba el Gobierno para este año 2022 no se cumplirá. Antes al contrario, los problemas a los que se enfrenta el tejido productivo español son serios y requieren de inmediata acción. No es sólo que el Banco de España rebaje casi un punto (hasta el 4,5%) sus últimas estimaciones de incremento del PIB, que ya diferían de la de los de los ministerios de Asuntos Económicos y de Hacienda (que pronostican un irreal 7% de incremento), o que la Airef recorte dos puntos y lo deje en el 4,3%. Es que junto a esa desaceleración de la economía, advierten de que la inflación, el principal mal al que se enfrenta, seguirá creciendo, pese a que en marzo marcó un nivel no visto desde 1985, una tasa interanual del IPC del 9,8%. Aunque por ahora el Banco de España no espera tasas de PIB negativas, tampoco se atreve a descartarlas ante el contexto de fuerte incertidumbre que se vive, porque la guerra en Ucrania ha agravado los problemas que ya existían previamente: desajuste de la oferta y la demanda, escalada de precios de la energía, de las materias primas y de los costes de logística, singularmente de los fletes marítimos (que es el principal modo de mover mercancías). Además, avisa de que el crecimiento del empleo que se ha vivido en el último año se reducirá a la mitad. Las advertencias del regulador bancario deberían, de inmediato, hacer reaccionar al Gobierno, que ha de tomar conciencia de la grave situación económica y no culpar en exclusiva a Vladimir Putin. Se hace necesario acelerar la adopción de soluciones para proteger la producción y el empleo, empezando por un pacto de rentas que evite seguir retroalimentando la espiral inflacionista, aunque en realidad debería ser más ambicioso y buscar, mediante el diálogo y el consenso y no la imposición, un pacto transversal, unos Pactos de la Moncloa del siglo XXI.

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