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El Comité de los Derechos del Niño de la ONU ha vuelto a señalar a España por seguir sin limitar “la exposición de los niños a eventos violentos, como las corridas de toros”, desoyendo su recomendación de 2018: “Para prevenir los efectos nocivos para los niños del espectáculo de los toros, el Comité recomienda que el Estado prohíba la participación de niños menores de 18 años como toreros y como público en espectáculos de tauromaquia”.
Según Bragi Guðbrandsson, miembro del Comité, existen “pruebas irrefutables científicas que vinculan la normalización de la violencia con la exposición a los niños a cualquier forma de crueldad contra los animales”. Este señor no es un pamplinas que carezca de méritos: entre otros es el fundador del establecimiento islandés de la Barnahus, un modelo integral de atención a menores víctimas de violencia sexual, extendido a más de veinte países. Pero en esto se equivoca.
Es tan cierto que la exposición de los niños a la crueldad con los animales (no a la tauromaquia) puede normalizar la violencia, como valiosa fue la lucha contra las crueldades con los animales antes tan frecuentes entre los niños. Un Guðbrandsson sevillano fue el doctor Antonio Ariza Camacho, luchador por la salud y la educación de la infancia más desasistida, animalista y antitaurino, a quien se deben las hermosas placas cerámicas –“Niños: no privéis de la libertad a los pájaros; no los martiricéis…”– de los colegios. Este hombre admirable fue fusilado por los golpistas en 1936.
Pero es igualmente cierto que la tauromaquia no normaliza la violencia en los niños y que la promoción del bienestar animal no es incompatible con la normalización de la violencia asesina contra otros seres vivos, en primer lugar los humanos, como demuestra que la radicalmente animalista Reichstierschutzgesetz (Ley de Protección Animal del Reich) fuera promulgada por los nazis en 1933 y que en 1934 convocaran un congreso internacional animalista, corrompiendo el legado de Heinrich Zimmermann, quien en 1925 había promovido un primer congreso sobre el bienestar animal en Berlín e instituido el Día Mundial de los Animales el 4 de octubre, festividad de San Francisco de Asís. Fue asesinado por los nazis en 1942.
Las cuestiones complejas deben abordarse desde la información y la reflexión.
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