Javier Ronchel

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Una tarea para todos en El Torrejón

La semana pasada se celebró en El Torrejón una jornada sobre la imagen de la barriada en Huelva y cómo cambiarla. Porque esta zona vive hace décadas con la etiqueta de la marginalidad, la droga y la delincuencia, debido a episodios pasados, más frecuentes y duros de los que actualmente puedan suceder, hasta el punto de haber marcado a toda una zona de la ciudad y sus vecinos.

Esa tarde de debates y reflexiones es un paso en el camino emprendido por ellos hace unos meses para desprenderse de dañinos estigmas. Quieren que el resto de Huelva perciba que algo cambia y que éste es un barrio muy vital, con una gran actividad comunitaria, no exento de problemas, pero con un deseo claro de evolucionar, avanzar y dejar atrás fantasmas del pasado.

En este cometido se ha pedido ayuda externa, si acaso para convencer de la necesidad de abandonar ciertos prejuicios adquiridos involuntariamente con los años, para empezar a mirar con ojos menos inquisidores, más neutrales, menos condicionados por el imaginario popular heredado.

Un ejemplo en esto son algunos de los monitores y técnicos que trabajan cada día en la barriada. Unos han llegado de fuera de la ciudad, libres de influencias previas por no haber crecido aquí. Otros, que quizá sí las conocían, han tenido oportunidad, ya dentro, de desmitificar la zona y descubrir que no es tan fiero el león como lo pintan.

Entre los vecinos hay quienes defienden con vehemencia que mucho han mejorado las cosas en los últimos años para que la imagen formada desde el exterior cambie diametralmente. Aunque otros, veteranos con una visión menos idealizada, reconocen que hay todavía aspectos que corregir y mucho que renovar aún para aspirar a esa deseada normalidad proyectada.

De hecho hay encuestas en esta línea entre los mismos vecinos, y los de la vecina Hispanidad, con la que comparte el Distrito V, paradigma nacional de trabajo comunitario en zonas urbanas desfavorecidas. Y las respuestas a esos cuestionarios llevan a una necesaria reflexión interna para descubrir las causas de esa reputación, que tampoco debe ser llegar a ser negativa.

Hay, en cualquier caso, una obligación de toda la ciudad de acompañarles en este camino que han tomado solo con un inequívoco propósito positivo. El esfuerzo por desprenderse de prejuicios es lo mínimo. También ayudar a mejorar en esa proyección exterior que llega al resto. Tenemos la obligación de construir una ciudad mejor para todos, habitable, amable y sin conflictos, más que los inevitables. Hay una gran tarea en El Torrejón y nos toca a todos.

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