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La otra orilla

VÍCTOR RODRÍGUEZ

El solar

Lepe tiene un nuevo solar, con buena comunicación, tranquila vecindad, cerca de un centro comercial, con muchas posibilidades de negocio, vallado, libre de cargas y ocupantes. Si viéramos este anuncio en cualquier página de compraventa de inmuebles, tuviéramos dinero y ganas de invertir, no nos parecería nada extraño. Eso sería si no conociéramos Huelva, porque en ese solar hasta hace unos días vivía gente.

El problema de los asentamientos de extranjeros vinculados a las campañas agrícolas es que no ha mejorado apenas nada desde la crisis de los contratos en origen a primeros de los años 2000. Muchas personas con permiso y trabajo no son capaces de encontrar una vivienda de alquiler, básicamente porque hay muy pocas en los pueblos cercanos a los campos. Poco a poco se ha ido cronificando una situación que simplemente es indignante.

Como en otras tantas cosas, la provincia de Huelva adolece de presupuesto, pero sobre todo adolece de voluntad para erradicar un chabolismo que, a diferencia de otros lugares, no está relacionado con la marginalidad ni la delincuencia, sino con el Estatuto de los Trabajadores.

Si no hay sensibilidad para reconocer que toda persona tiene derecho a una vivienda digna, al menos debería haber inteligencia para darse cuenta de que, más allá de nuestras fronteras, hay mucho interés por asociar a los frutos rojos con las condiciones infrahumanas y los abusos. Hace un año, en casa de una familia en una ciudad Suiza, me encontré una caja de una cooperativa de fresas de Huelva, cuando se lo hice saber me miraron alarmados diciendo que no sabían cómo había llegado allí, porque ellos no estaban dispuestos a fomentar la explotación laboral. Llámenle hipocresía, intoxicación informativa u opción, pero esto es lo que hay. No se trata de señalar sólo a una parte, porque el problema tiene muchas aristas, se trata de ver la oportunidad de solucionar un problema, cada uno desde su responsabilidad. Políticos: presionen para que se cumplan las resoluciones del Parlamento andaluz, empresarios, faciliten y construyan alojamientos, alcaldes; empadronen y doten de espacios de mediación, asociaciones y organizaciones no gubernamentales; vigilen, denuncien y acompañen los procesos de integración. Si los berries son riqueza para Huelva, que sea para todos y todas. El respeto a la persona nos hace reconocernos como sociedad, lo demás nos embrutece.

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