Crónica Levantisca

J. M. Marqués Perales

jmmarques@diariodecadiz.com

Un rey histórico

Felipe VI está situado sobre un parteaguas de la Historia, pero sus primeros pasos no han sido ni falsos ni fáciles

Don Juan Carlos es ahora el padre del rey, aunque la Historia le tratará siempre como el Rey Juan Carlos y, probablemente, como el mejor jefe de Estado que tuvo España en el siglo XX. Saben que por un capricho numérico, los mejores reyes de España o sus reinos anteriores fueron los terceros: Alfonso III, el asturiano que consolidó y amplió el reino primigenio de las Españas; Sancho III, el navarro que dio reyes a los demás, y Abderramán III, el más sabio de los califas. Podríamos añadir a Carlos III, el de Nápoles. Juan Carlos I estará en esta lista, a pesar de que sus comportamientos privados no siempre han estado a la altura de su figura política e histórica.

Esto pasa a veces, la hoja de servicio de los mejores estadistas no está limpia, no creo que JFK hubiese cumplido hoy con el criterio de ejemplaridad que se exige a los políticos, hubiese bastado colocar algunos focos sobre su padre para ver lo podrido que estaban los cimientos de Camelot. Y fue un buen presidente de los Estados Unidos. Como Jordi Pujol lo ha sido para Cataluña, a pesar de sus herencias ocultas.

Esta aparente contradicción no minimiza lo que don Juan Carlos haya podido hacer. Es más, su caso es peor, pues pilotaba la más alta magistratura del Estado, la que se justifica por su utilidad y ejemplaridad, pero aporta una contextualización que se hace necesaria para no invalidar la Historia de España desde la muerte de Franco ni el papel fundamental, esencial, que ha tenido la institución monárquica en todos estos años. Cuando Juan Carlos I fue coronado, heredó los mismos poderes que tenía Franco cuando murió, que eran casi todos. Esto son los asuntos que no hay que olvidar, que siempre hay que recordar, porque no nos pueden desbaratar la hazaña del pueblo español.

Felipe VI está situado sobre un parteaguas de la Historia. De lo que él haga en los próximos años dependerá el futuro de su Casa y el de la propia España. La imagen de la Monarquía aún se puede recuperar, los pasos dados por el Rey en estos primeros años no han sido falsos, ni tampoco fáciles, pero habrá de actuar con una determinación que acarreará más sacrificios personales. La inmunidad absoluta de la que goza el jefe del Estado en nuestra Constitución ha sido en buena parte la responsable de la situación actual de Juan Carlos I; se justificó como un blindaje ante los detractores de una institución, entonces débil, pero no dejaba de ser un eco del pasado reciente. Su eliminación será un modo de expiación.

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