Lo nuevo y lo viejo

A la vista de las circunstancias, parece que la mejor opción para los socialistas y para todos es que el sanchismo se extinga

En los partidos siempre hay lo que se llaman corrientes; esto es, grupos de militantes con posiciones algo distintas. Por supuesto, a todas les unen ciertos presupuestos de base, porque si no sería muy difícil o casi imposible la convivencia bajo las mismas siglas. Las diferencias entre ellas suelen ser más frecuentes en los aspectos estratégicos y de actuaciones, salvo cuando se preparan y se celebran congresos en los que se actualizan o revisan los contenidos ideológicos, donde estos son más protagonistas. Con respecto a esto último, normalmente, suele aceptarse que habrá que seguir la línea trazada por la línea ganadora y esperar a la convocatoria del siguiente cónclave para hacer los cambios. De todas formas, eso no lleva inexorablemente a la total eliminación de las fricciones internas, pero sí permite que se llegue a un entente más o menos cordial. Eso es lo habitual. Sin embargo, en estos momentos en el PSOE se está detectando una realidad distinta que no se corresponde exactamente con lo que se ha expresado en relación con las corrientes. Ahora, desde dentro y a través de sus simpatizantes se está hablando del viejo PSOE, haciéndose gala de una evidente discriminación por edad, si bien en él se incluye a todos aquellos integrantes que no comulgan con la actual dirección. A nadie se le escapa que en nuestra sociedad el término viejo está cargado de estereotipos despectivos, y es esa imagen negativa en toda su intensidad la que pretenden asociar a los críticos de Pedro Sánchez, quien, por cierto, en su funcionamiento político cada día destila más aromas intensos de caudillaje. Este etiquetaje de vejez y proceder conlleva el riesgo de una división interna que tarde o temprano podría terminar estallando; aunque en el presente, con la turbación que generan tantos acontecimientos políticos continuados y relevantes, no se esté percibiendo como una amenaza interna. Plantear la situación de las críticas a Sánchez como un enfrentamiento entre el nuevo y el viejo PSOE es una completa equivocación por falaz. Las reflexiones sobre las distintas opiniones vertidas sobre las manifestaciones y decisiones del presidente deben guiarse desde la óptica de la responsabilidad y la sensatez de sus contenidos, y eso no está sucediendo. Además, en lo que nos ocupa, tiene todo el sentido afirmar que la experiencia es un grado. A la vista de las circunstancias parece claro que la mejor opción para los socialistas y para todos los españoles es que el sanchismo se extinga.

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