En tránsito

La nueva escolástica

La energía nuclear -según los nuevos predicadores- es una energía diabólica que debe ser perseguida

La escolástica -el pensamiento cristiano de la Edad Media- tuvo tanto éxito en los países católicos que incluso llegó a crear un nombre propio, Escolástico. El periodista Tico Medina, por ejemplo, se llamaba en realidad Escolástico Medina. Que yo sepa, no hay ninguna otra corriente del pensamiento que haya inventado un nombre propio con su propia denominación. No hay, que sepamos, una sola persona que se llame Nihilista o Empiricista o Existencialista o Positivista, y mira que habría candidatos a llevar esos nombres tan ilustres. Pero nos estamos alejando del tema. La escolástica se caracterizaba por ser un pensamiento que estaba sometido por completo a la teología. Y si la razón chocaba con la fe, la última palabra la tenía siempre la fe. "La filosofía es sierva de la teología". Ese era el lema incuestionable de la escolástica.

La escolástica se fue apagando poco a poco, aunque los ilustrados partidarios del racionalismo -como Olavide y Jovellanos en España- tuvieron que luchar a brazo partido contra los frailes que controlaban la educación con sus dogmas intocables inspirados en la escolástica. De hecho, hasta bien entrado el siglo XIX -o incluso el XX- no nos libramos de la escolástica en las aulas universitarias. Pero justo ahora, cuando creíamos que la escolástica ya había sido desechada por inservible, resulta que ha resurgido de nuevo, sólo que ahora no la defienden los frailes dominicos, sino los nuevos predicadores de la izquierda woke obsesionada con la defensa de las identidades supuestamente amenazadas por no se sabe qué enemigos invisibles. Y esta nueva escolástica, igual que la antigua, reniega de todo racionalismo y se atrinchera en los dogmas indiscutibles de la teología "identitaria".

Uno de estos dogmas es el de las energías renovables. Porque la energía nuclear -según los nuevos predicadores- es una energía esencialmente diabólica que debe ser perseguida con toda clase de exorcismos y autos de fe. Y si es necesario quemar a los herejes en los cadalsos públicos de las redes sociales, hay que quemarlos sin ningún escrúpulo (de momento, sólo en efigie; en el futuro, ya veremos). Alardeamos de ser muy libres y muy racionales y muy transgresores, pero en realidad nos comportamos como Fray Gerundio de Campazas. Y así vamos, tan contentos y tan campantes.

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