La otra orilla
Gonzalo Revilla
Madurez ante el dolor
Voy a escribir sobre el accidente de Adamuz. Más bien sobre lo que ha ido pasando después. Sé que esta columna me puede dar algún dolor de cabeza, pero me resisto de dejarlo pasar. Por un momento pensé que era tanto el dolor, tan enorme la tragedia, tanto el sufrimiento, que nos sabríamos comportar como sociedad. La generosidad de los ciudadanos de Adamuz y el esfuerzo y la coordinación de todos los servicios de emergencia fueron balsámicos en lo peor de la tragedia. Luego, en algún momento, empezamos a desbarrar y dejamos de comportarnos como una sociedad adulta, al menos parte de esa sociedad.
Desde el primer momento se dijo que “quedaba descartado un fallo humano”. Era rara esa afirmación: en esos trenes de alta velocidad casi todo es humano, el diseño, la construcción, el mantenimiento, la tecnología… si algo falla es muy probable que alguno o varios de esos elementos hayan cometido algún error. Por otro lado: nuestras sociedades son enormemente sofisticadas, pero al mismo tiempo enormemente frágiles. Accidentes ha habido siempre, y por desgracia los seguirá habiendo, hagamos lo que hagamos.
¿Qué se espera de las Administraciones en una tragedia de esta dimensión? Que se pongan con rapidez y eficacia a paliar las consecuencias, a buscar las causas, a poner los medios para que no se repitan los errores cometidos. Creo que eso se ha hecho. Incluso hemos visto un ejercicio de coordinación entre administraciones de distinto color político. Pero es que no debería ser de otro modo.
Del dolor de las víctimas y de sus familiares ni media palabra. Cada cual gestiona el dolor y la rabia como puede. Es inútil tratar de entender. Sólo queda acompañar y respetar. Por eso no termino de entender lo rápido que algunos han decidido que ese dolor podría resultar muy rentable. Hasta el punto de pretender que tal o cual político es el responsable directo de las muertes en el accidente. Supongo que no lo piensan así en realidad. Pero les ha resultado fácil reconducir el dolor de otros.
Lo que quiero decir es: creo que todos somos adultos y con la suficiente madurez como para comportarnos en un situación tan dolorosa. Pues justo ahora es el momento de demostrarlo.
También te puede interesar
La otra orilla
Gonzalo Revilla
Madurez ante el dolor
La colmena
Magdalena Trillo
La boina y el cartel
Paisaje urbano
Eduardo Osborne
Hablemos de la Guerra Civil
Confabulario
Manuel Gregorio González
Error y melancolía
Lo último