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La otra orilla

Javier RODRÍGUEZ

La gran bofetada

La prepotencia humana es incapaz de comprender que, esta vez, la causa de lo que nos pasa no tiene nada que ver con nuestras decisiones: no se trata de una conspiración, no se trata del sistema supuestamente comunista donde se conocieron los primeros casos, ni del sistema capitalista que impera en el mundo, no se trata de tecnología, de la religión, del feminismo o del fútbol, pero nos empeñamos en debatir sobre ello porque somos incapaces de asumir que el más diminuto de los organismos sea capaz de poner en jaque a la humanidad entera.

Luego está la prepotencia del hombre blanco occidental -la mía propia-, que miró con desdén el origen de la pandemia, sintiéndose invulnerable en su fortaleza europea o norteamericana, importándole un carajo lo que pase fuera de esa fortaleza, ignorando que, como me recordaba mi amigo Josemari, "más de la mitad de la población mundial vive permanentemente la incertidumbre que ahora tenemos aquí"

Y la prepotencia de los que nos gobiernan queriéndonos hacer creer que lo controlan todo, sin el menor reconocimiento de los errores que cometen. Y la prepotencia de los que critican a los que nos gobiernan, como si ellos lo hubieran hecho mucho mejor, como si la mayoría de ellos no fueran responsables de los recortes que hoy nos llevan a las situaciones que ellos critican. Me preocupa ese ambiente político en el que parece que no es posible ni la autocrítica ni la propuesta en positivo al oponente y me asustan las consecuencias que este ambiente pueda traer cuando esto termine.

Toda esa prepotencia es la misma que de forma infantil ha obviado esas otras grandes tragedias que también matan a miles, a millones de personas, y que sí tienen su origen en nuestro comportamiento y que no nos da la gana evitar, porque sí, porque somos como esa gente que cuando se decretó el confinamiento seguía de parranda en la calle, sin intención alguna de desconvocar la orgía, porque la cosa no iba con ellos, porque nos sentimos inmunes como humanidad a las desigualdades, a las guerras, al cambio climático… porque lo importante es que la fiesta continúe.

Y llegó un pequeñísimo organismo que dio una gran bofetada a toda esa soberbia y que ojalá sirva para, al menos, hacernos reconocer, de una vez por todas, que, como decía aquel cura francés -el Abbé Piere-, "somos todos juntos responsables, responsables de nosotros mismos y responsables unos de otros".

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