La otra orilla

La desconquista de América

Una delegación del Frente Zapatista de Liberación Nacional realiza una gira de largo alcance en Europa

Hace pocos meses una delegación del Frente Zapatista de Liberación Nacional, el movimiento indígena antaño liderado por el mítico subcomandante Marcos, zarpó de México en un pequeño barco para iniciar una gira política de largo alcance por toda Europa. Vemos a menudo peregrinaciones al centro del poder en las que se reivindican demandas o se visibilizan causas colectivas, pero los zapatistas nunca dejan de sorprender. No vienen a pedir nada, sino a ofrecer. Dicen buscar "no la diferencia, ni la afrenta, ni mucho menos el perdón o la lástima: iremos a encontrar lo que nos hace iguales". Han llegado, pues, a desconquistar América, a rebautizar Europa como la "tierra de los que resisten": a buscar soluciones globales y a globalizar la utopía.

La retórica apasionada y poética de sus comunicados es tan sugestiva que dan ganas de dejar que el resto del artículo lo escriban ellos, mientras desgranan las intenciones de este viaje descubridor a la inversa. En Vigo, lugar de desembarco de la expedición, han planificado la agenda de los próximos meses por el viejo continente junto a representantes de grupos internacionales. Estarán en Madrid, por ejemplo, el 13 de agosto, justo 500 años después de la caída de Tenochtitlan; y ayer, también con toda la carga de la efemérides, celebraron en Alájar un encuentro con diversos colectivos de la sierra de Huelva. Pero aparte de la simbología de las fechas no pierden el tiempo en juzgar el pasado, que solo sirve "para justificar, con demagogia e hipocresía, los crímenes actuales". No pretenden dar lecciones o impartir doctrina. Vienen, primero, a escuchar, a llenarnos de interrogantes, compartir pesadillas y proyectos, generar complicidades; o como ellos dicen, "a sembrar flores".

En esta larga noche de resistencia, los zapatistas saben bien que únicamente el intercambio honesto de historias, conocimientos y desafíos sirve para transformar la realidad. Asumen la pequeñez de su empeño, los fracasos y límites, y sin embargo no renuncian a los sueños colectivos ni dejan de plantarle cara al miedo. Quizás por eso la presencia de estos indígenas llega a ser molesta, incluso abiertamente irruptora. Se les podrá tachar de ingenuos o pretenciosos. Pero su congruencia los hace merecedores de respeto, y su propuesta es motivo de esperanza. Yo, de momento, les agradezco que dejen en el aire tantas preguntas lúcidas que me pinchan el alma para seguir buscando respuestas.

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