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Se buscan políticos

Hoy es casi imposible dedicarse a la política sin recibir un insulto o menoscabo personal

Cuentan que los integrantes del nuevo Gobierno andaluz se las están viendo para encontrar profesionales solventes que puedan ocupar los muchos cargos que la vastísima administración autonómica requiere, y que muchos contractados han declinado la invitación alegando motivos varios, entre los cuales está el repetido de la retribución: la política, se dice, está mal pagada, y por eso tantos buenos profesionales que descollan en sus respectivas ocupaciones rechazan los ofrecimientos.

Algo de eso hay, desde luego, aunque yo no creo que ese sea el problema principal. Cierto es que no parece que un consejero de la Junta vaya a hacerse rico con el puesto, teniendo en cuenta además la debilidad de las mayorías que se forman dentro de un panorama cada vez más fragmentado. Como también lo es que hoy día un catedrático de universidad no gana mucho más por su empleo, y al parecer son varios los que pudiendo aportar sus conocimientos han preferido la comodidad de sus clases. ¿Por qué este rechazo a dar el salto a la política activa, cuando en muchos casos su interés por el tema es notorio?

Yo le doy más valor a un segundo motivo, que sin embargo suena menos: hoy es casi imposible dedicarse a la política sin recibir un insulto o menoscabo personal, ampliado de manera inmisericorde a través de las redes sociales, incluso antes de ejercer materialmente el cargo. Es tal el nivel de agresividad al que se ha llegado en la lucha partidista, y tanta la inquina que unos se tienen a los otros, que cualquiera puede ser públicamente vapuleado incluso por actos completamente legales. Cuando un nombre suena, rápidamente se ponen a la faena los varilleros de la peor escuela, auténticos escrutadores de pasados, rebuscando impuestos impagados, inocentes declaraciones del año de la polca o, el último grito, la participación en sociedades patrimoniales. Lo que sea para tumbar la incipiente carrera, aunque con ello se lleven por delante el prestigio y el buen nombre de la persona.

Después, claro, nos sorprendemos de que para las elecciones del Ayuntamiento de Sevilla, que están ahí a la vuelta de la esquina, sólo dos grupos tengan nombrado candidato, o protestamos cuando vemos en lo más alto de los partidos a personas que llevan allí toda la vida. Mucha culpa la tienen ellos, por supuesto, pero no estaría de más preguntarnos si no estamos haciendo algo mal también nosotros.

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