Crónica Levantisca

J. M. Marqués Perales

jmmarques@diariodecadiz.com

El bache de Obama

La turistificación causa molestias, pero nada comparado con la añorada industria que vertía cenizas en los pulmones

Un bache es una taberna de vino a granel -por lo general, en Chiclana- donde es fácil entrar, pero complicado salir. Un bache es donde los parados del dique pasan los lunes al sol, vino blanco o vino dulce, y pare usted de contar. ¿De tapas? La de los zapatos. Un bache no es, como sostienen muchos gaditanos, una depresión en el camino, una alegoría del socavón, sino el establo provisional que construían los esquiladores de ovejas para meter el ganado y que sudase antes de ser rapadas. Eso, un bache, poco más que un sombrajo y un mostrador para servir el vino. Lo que era un chiringuito de playa, antes de que los empresarios se pusieron a sustituir el cañizo por el hormigón y el mantel de papel por el de tela. Un amigo se queja, casi con espuma por la boca, cada vez que recuerda cómo le pusieron sushi en un chiringuito de la Barrosa.

A Obama lo han llevado al Bache de Sevilla, el restaurante que tiene montando el chef gaditano Alejandro Alcántara en la plaza del Cristo de Burgos. Uno de los platos estrellas es el kebab de chicharrones, que son los chicharrones de toda la vida cortados en finas láminas y tostaditos con queso payoyo, de Villaluenga. En la cena estaba, entre otros, el gaditano Carlos Rosado, que seguro que le explicó el secreto de la cabra payoya (así que os lo ahorro). Los restauradores españoles son los mejores cocinando léxico.

Obama en Sevilla es un punto de inflexión para el turismo de interior. Si hay una ciudad beneficiada por el desastre que el procés ha causado en Barcelona, ésa es Sevilla. Madrid sigue siendo insoportablemente heterogénea, Sevilla es una pequeña Roma, casi oriental para el centroeuropeo, a dos horas de coche de Córdoba y Granada. O de Cádiz, donde el puente nuevo lleva al visitante al cogollo sin tener que atravesar la Avenida y sus semáforos. El propietario de la cadena Hilton busca un solar, un edificio en Sevilla, uno de los reinos de Juego de Tronos está dentro del Alcázar, Itálica tampoco queda lejos.

Sé que la turistificación causa molestias, que hay una plataforma en marcha y que esta actividad económica termina cambiando la estructura de la ciudad, pero nada comparado con esa añorada industria que vertía cenizas sobre los pulmones, ácido sobre los charcos y peste en el ambiente. O la que ha terminado por enladrillar las arenas de la playa con adosados y baches que ya no son de quita y pon.

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