La primavera siempre es un camino de cielo para los romeros, cuando el corazón se llena de júbilo y en la serena brisa del monte se nota un palpitar distinto.

Hoy quiero hablarte, Madre mía, que es rezar en Tu nombre. Quiero que Tu sonrisa celeste sea el pálpito de mi alegría.

Este año solo podemos soñar, en esa peña de ilusiones, con todo tu pueblo reunido a tus pies en éxtasis de amor.

Nuevamente acudo a esta cita anual, tan tristes en este momento de la pandemia. Una cita tan vacía, sin tu multitud de romeros a tu lado, donde mis palabras no pueden faltarte porque mi alma está henchida de Ti.

Virgen bonita de la Peña, ¡cuántos pregones han salido de gargantas llenas de entusiasmo, cuando todos queremos rezarte y el pregonero marca la pauta de nuestros amores! Este año todo está en silencio, pero nuestras voces serán sonoras como nunca ante tu altar.

Te veo, Madre mía, en una nube celeste que es la corona de tu pueblo.

Te miro y todo se me hace felicidad cuando una salve brota de los labios tan fuerte como esa peña donde anidan los corazones de tus hijos.

Ruega por nosotros, por todo el mundo aquejado en la terrible prueba que padecemos, ampara a tu pueblo, sencillo, bello, único que es altar en los siglos de una devoción eterna.

Ya se nota en el aire la invisible romería. Ya todo es un sinvivir, callado, que nos impacienta por estar a tu lado.

Siempre recuerdo aquella poesía que un día de pregón hice volar, como una golondrina alborozada, a tu altar peñero:

"Dime tú, rosa temprana, /y tú, sonrisa trigueña/ si a la Virgen de la Peña,/ le acaricia la mañana".

El poeta lloraba en la emoción del momento. Hoy lo hace en la temblorosa emoción del tiempo, y de los años pasados. El sentimiento mariano, andaluz, es tu más fuerte eslabón con nosotros.

La provincia de Huelva es romera desde la Sierra a la marisma. Desde la altura en que nuestras altas montañas se elevan como veleta de ángeles, hasta nivel de mar, donde la brisa acaricia el nombre de María, cuando mayo es ya un soplo de vida e ilusión. Huelva en primavera es amor y devoción.

La Hermandad de la Virgen de la Peña es roca de entrega y devoción de la Puebla, es todo entrega con sus filiales, es pura pasión mariana para rezar cantando y alegrar los corazones al compás de esos bailes que son el alma de Andalucía.

Puebla de Guzmán es un maravilloso altar que proclama las más bellas de las devociones marianas hechas plegarias en el Andévalo ancestral.

¡Que suenen, aunque sea en silencio, los cohetes de la alegría, que la Peña va a salir en el paso de nuestros corazones!

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