Yo no sé ustedes, pero desde luego llega un momento en el que para quienes tienen inquietudes de convivencia sana, de progresión social y bienestar general… empiezan sensaciones de hastío, de frustración, de desasosiego, de cansancio que los ponen al límite del pasotismo aun en contra de los propios principios, y convertirse, pues, en víctimas de una clara estrategia de deshumanización más o menos global a costa de la imposición de un relativismo generalizado y que solo beneficia a determinados sectores de la vida y poderes públicos -"casta" les llamaba alguien cuando estaba fuera del circuito y, ahora, se postula como ministrable-, ejemplaridad de compromiso y servicio dirigido a los ciudadanos.

Y no es una mera queja superficial porque el día a día nos lo demuestra cuando vemos como el postureo, la ficción, el histrionismo, la mentira o las medias verdades, lo accesorio por encima de lo fundamental, las formas artificiales superadoras del fondo argumentado y serio… los odios, las envidias camufladas en el anonimato que permiten las redes sociales, el cainismo, la ley del embudo o la paja en el ojo ajeno… son elementos que bien manejados y si los trasladamos, por la vía del servilismo mediático, al ámbito político -luego trascienden a la vida cotidiana- se acaba poniendo en cuestión la separación de poderes, con ello, los fundamentos democráticos de las relaciones y la convivencia, el respeto institucional y, en definitiva, el Estado de derecho. Si no, díganme que es la validez, en su día, del "No, es no" y en la misma persona, hoy, es una irresponsabilidad aplicársela a él, que oferta a los demás abstención incondicional cuando, en su momento, llegó a rechazar un Gobierno de coalición. Todo un ejemplo teórico del "todo o nada" con perfiles absolutistas de los nuevos amigos galos: "L' Etat c'est moi".

Pero si recordamos a Felipe González, cuando dijo que los expresidentes "eran como los jarrones chinos", comprobamos como el "observador de nubes", se resiste a ello y quiere sus minutos de gloria, sean como mediador - parcial- en Venezuela o como el inexplicado "relator" para el conflicto catalán sugiriendo cómo debería ser la sentencia a los políticos presos, balbuceando sobre un teórico indulto… olvidando que fue promotor en la apertura de agudización de esta conflictividad territorial junto con Arturo Mas.

Por fin, ese "hombre de paz", como le calificó ZP, nos lo meten con nuestros impuestos, en casa para no rechazar a ETA y, de paso, hacernos dudar aún más, como si no hubiera bastante, de las intenciones de ZPedro.

Qué pena de país y todavía queremos que lo que no valió en 2015, sea hoy irrenunciable, sencillamente, increíble por triste y grave, el deterioro político y social.

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