Crónica Levantisca

J. M. Marqués Perales

jmmarques@diariodecadiz.com

Rojo y verde

El giro del PP andaluz al asumir postulados que nacen del ecologismo es inédito en el centroderecha español

El capitalismo no ha sido más destructor que otros modelos de producción económica. Pensemos en la expansión seminal de la agricultura, por ejemplo, que derribó casi todos los bosques europeos para transformar radicalmente los paisajes y convertirlos en tierras de cultivo. O en el comunismo. Antes de que Chernobyl marcase el inicio del fin de la URSS, el movimiento ecologista tuvo en la central de la Isla de las Tres Millas (Pensilvania, 1979) el epítome de los males nucleares. Pero a la central ucraniana se le pueden añadir otros ejemplos de desastres rojos, las explosiones nucleares en China para desviar cauces y construir grandes presas, la alarmante contaminación de las antiguas ciudades del Este y la desecación de los mares interiores de Eurasia. Roja o azul, que diría Albert Rivera, la humanidad ha sido como una plaga que ha ido transformando el planeta a su conveniencia desde el Neolítico.

El giro que ha dado el PP andaluz al asumir la conservación de los espacios naturales y la defensa contra el cambio climático como objetivos de su partido es inédito en el centroderecha español, supone una novedad, diría que de primera magnitud, con independencia de si esta voluntad expresada se materializa en verdaderos avances. El desplazamiento al verde es, al menos, sincero; ahora se comprobará si el Gobierno de la Junta es capaz de romper con las viejas servidumbres que arrastran todos los ejecutivos.

El enfoque de Juanma Moreno es el correcto: el gran problema ecológico de Andalucía es la desertificación, agravada en el siglo XXI por los efectos del cambio climático. Con poco que haga, se notará, la naturaleza funciona como un círculo virtuoso cuando se le deja. Si algo demuestran las estrategias de conservación que arrancaron en Andalucía con el Gobierno de Rodríguez de la Borbolla a raíz de la declaración de los parques naturales es la tremenda capacidad de recuperación de los espacios. Muchas de las especies que en la década de los ochenta estaban en los libros rojos de extinción se ven hoy hasta por las autopistas.

Si el ecologismo ha sido mejor tratado por las izquierdas democráticas -las otras lo despreciaban- es porque en su base hay un cuestionamiento del modelo de consumo y de la maximización del beneficio, críticas verificadas por la experiencia científica. Pero, al final, será como el feminismo, una corrección que tendrá que ser asumida por el global.

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