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Responsabilidad

Blum, Camus y Aron, explica Judt, tuvieron en común el valor, la honestidad y la independencia de criterio

Lo teníamos pendiente y ha sido gracias a la mediación de nuestro querido Alberto Marina, viejo mentor y amigo y principal impulsor -hace ahora casi veinte años- del desaparecido suplemento Culturas en los diarios de Joly, que hemos podido leer estos días, más de tres décadas después de su publicación original, el magnífico ensayo donde el historiador británico Tony Judt relacionó las controvertidas figuras de Léon Blum, Albert Camus y Raymond Aron, tres pensadores -el primero también lo fue, aunque haya pasado a la Historia como el primer presidente socialista de la República francesa, a la cabeza del efímero gobierno del Frente Popular- que tuvieron en común el valor, la honestidad, la independencia de criterio y la denuncia, desde diferentes posiciones, de la ortodoxia marxista-leninista -vale decir de la tiranía soviética y sus satélites- que durante demasiado tiempo fue dogma de fe para los partidos comunistas de Occidente, los célebres compañeros de viaje y buena parte del establishment intelectual de las naciones europeas. Frente a la menos marcada noción de compromiso, que sería aplicable a todos los que tomaron partido por cualquier opción política, incluido el fascismo, la de responsabilidad señalaría para Judt el coste personal que tuvieron que pagar quienes se atrevieron a disentir de las ideas dominantes en la izquierda y fueron estigmatizados por el agit-prop como traidores o enemigos. Al propio Judt le debemos páginas muy lúcidas sobre el siglo XX, los totalitarismos, los trampantojos del mito de la Revolución y el peligro de las utopías, pero en su aproximación a estos tres hombres que fueron vapuleados por la intelligentsia y hoy, por una suerte de justicia poética, se han convertido en modelos de integridad, importan menos las ideas que el coraje con el que las defendieron, tan opuesto al servilismo de quienes acaso también dudaban -"Si existiera un partido de los que no están seguros de tener razón, yo estaría en él", dice la famosa frase de Camus que abre, con otras de Blum y Aron, El peso de la responsabilidad- pero se cuidaron de guardarse las espaldas para no quedar a la intemperie. No es que acertaran siempre, nos dice, y de hecho revisa sus errores, pero estos no les impidieron actuar como conciencias verdaderamente críticas que por serlo apuntaron en todas direcciones. Vuelve ahora a hablar de compromiso gente que presumiendo de radicalidad jamás ha abandonado la confortable obediencia debida, y da hasta pereza recordarles que no hay peor vasallo que el que somete su juicio no tal vez por genuina convicción, sino por miedo a perder su lugar en el rebaño.

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