Reecuerdo que, hace ya muchos años, alguien pintó en alguna pared: "Mujeres al poder" y que otro alguien corrigió aquella pintada sustituyendo ese "al" por un "contra él": "Mujeres contra el poder". Para mi, aquello fue una lección de lo que era el feminismo y de lo que debía ser la sociedad que nos tocaba construir. Frente a la opresión a mujeres, negros, gitanos, homosexuales o cualquier otra minoría, no tocaba luchar por la llegada al poder de ninguno de esos colectivos, tocaba construir un modelo de relaciones distintas, igualitarias, democráticas… en el que todas las personas tuvieran reconocida la misma dignidad que el resto, al margen de su condición sexual, origen étnico, género o cualquier otra circunstancia personal: edad, ideología, creencias religiosas…

Pero no hemos tenido demasiado éxito. Efectivamente, quien hizo la pintada original hoy puede estar satisfecha: aunque queden muchos espacios de poder donde las mujeres están en minoría, hoy podemos ver como ellas (y también negros, gitanos, homosexuales, musulmanes...) participan en espacios de poder como las cortes o los consejos de administración de las principales empresas, con una naturalidad inconcebible en los tiempos en los que aquello se garabateó en aquella pared.

Sin embargo es poco probable que quien corrigió aquella pintada esté igual de satisfecha. Las estructuras sociales son, si cabe, más piramidales que entonces, las brechas económicas y culturales más grandes Es cierto que la llegada de algunas mujeres a algunos cargos ha traído otras preocupaciones y otras formas, menos agresivas, pero esa amabilidad, por poner un ejemplo, de la Ministra que lleva lo de la electricidad, poco debe consolar a las personas que viven en la Cañada Real que llevan meses y meses sin suministro eléctrico. En otros casos, y aquí mejor no poner ejemplos, ni siquiera formas más amables ha traído la llegada al poder de las mujeres.

Un amigo me contaba que su hijo se sentía discriminado por ser heterosexual y esa sería la traslación de ese esquema a la pequeña escala: no se trata de que aquellas personas que tradicionalmente han sido maltratadas por "machotes" apliquen el mismo hierro a los heterosexuales, se trata de que se reconozcan mutuamente la misma dignidad y, de paso, construyan, juntas, una sociedad en la que la ministra tenga las mismas posibilidades de encender la luz que quienes viven en la Cañada Real.

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