Por montera

Alguien nos escucha

Una amiga me contó que había comprado cuentos para sus nietos. Al día siguiente recibí la oferta de Amazon

Acaba de recomendarme Amazon que compre libros para niños de entre tres y seis años. Estoy flipando porque no pertenezco a ese nicho de mercado. Aprovecho la información que me han enviado por mail por si le es de utilidad: Cuentos de Buenas noches para niñas rebeldes,¿Puedo mirar tu pañal?, Trabalenguas para niños y Una Princesa diferente. Yo soy amazónica. Una manera de definirme como compradora on line que confía plenamente en el comercio electrónico. Hace tres años, me inicié a comprar dándole clic al ratón de mi ordenador. Hasta que no estuve viviendo en Nueva York era una absoluta desconfiada. Nunca compraba nada por la red. Pero allí el tiempo me devoraba y de noche me sentaba frente a mi computadora, abría la página de Freshdirect y marcaba todo lo que necesitaba: carne, fruta, pan, productos de limpieza… Y a las seis de la mañana del día siguiente lo tenía en la puerta de mi casa ¡Maravilloso! Así que ahora, en España, si me hace falta un enchufe, lo pido por Amazon. Superé los temores de que me robasen los datos de mi tarjeta de crédito y confieso que, poco a poco, también voy asumiendo que los comerciantes utilicen mis datos que ya están en la nube para que hagan sus negocios. Mi ordenador recibe cada día decenas de ofertas. Así como mi teléfono móvil. Como se me ocurra hacer un clic en un producto que me produce curiosidad al día siguiente recibo una llamada telefónica para venderme, por ejemplo, un seguro de salud. A todo eso me voy acondicionando, como me acostumbré a las cámaras de seguridad de las calles que en su día generaron un rechazo social porque no nos gustaba estar vigilados constantemente. Ya hemos aceptado que esas grabaciones están sirviendo para detener a los malos que roban, violan, secuestran o infringen cualquier ley o norma de seguridad. Sumo a esto que tengo un adhesivo en el diminuto objetivo de mi ordenador de mesa, como muchísimas personas que sabemos que nos pueden ver y hacer el uso más perverso de esas imágenes. ¿Quiénes? Edward Snowden ya desveló los programas de vigilancia masiva. Lo que yo no imaginaba es que también se nos escucha. Tomando un vino, una amiga me contó que había comprado cuentos para sus nietos. Al día siguiente recibí la oferta de Amazon. He preguntado a chavales de la Cuarta Revolución Industrial. Lo ven normal, aunque yo aún no puedo demostrarlo. Miro a mi teléfono apagado y le pregunto: ¿hay alguien ahí?

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