Editorial

Afganistán, la guerra real

EL combate de seis horas de duración acaecido el jueves pasado entre tropas españolas e insurgentes, que tuvo como balance la muerte de al menos 13 talibanes, es una palmaria demostración de que España está participando en Afganistán en una guerra real, no en una misión de carácter humanitario o de interposición de tropas. Las fuerzas militares repelieron una emboscada en el paso de la montaña de Sabzak, en la única ruta posible entre Herat y Qala i Naw. Los disparos de los talibanes procedían simultáneamente de cuatro puntos distintos, lo que da idea de que se trataba de un ataque organizado contra las fuerzas destacadas por la OTAN. El incidente se produjo en la misma zona donde un día antes un soldado español -un sargento del Ejército- resultó herido leve por un ataque que la ministra de Defensa atribuyó a "delincuentes comunes". España participa en esta operación bélica desde que en 2001, poco después de los ataques del 11 de septiembre a emblemáticos objetivos en EEUU, la comunidad internacional declarase la guerra al terrorismo internacional y al régimen talibán afgano que lo amparaba. En estos ocho años que están a punto de cumplirse se han producido muchas bajas, tanto en las tropas españolas o aliadas como entre los rebeldes locales. Es lo que puede esperarse en una situación de guerra como la que allí se vive. Afganistán vive en esta situación hace demasiado tiempo y no parece que los objetivos marcados cuando se inició la ofensiva, garantizar la democracia y la libertad y mejorar la seguridad, se estén cumpliendo. Ni los talibanes se repliegan ni las recientes elecciones, las segundas desde el inicio de la guerra, han logrado pacificar el país. Por eso cabe preguntarse que si las tropas de la OTAN ni pacifican este convulso país ni logran que se implante un sistema democrático que imponga esa paz, ¿para qué seguir allí? Es éste un debate que hay que acometer en las instituciones que ampararon esta guerra: la ONU y la OTAN, ya que no sería aceptable una salida de las tropas españolas sin el consenso previo con los aliados. Estamos comprometidos.

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