El parqué
Ligeras subidas
Este espacio iba a comenzar señalando que una vez pasado el duelo es hora, aún sin ganas, de ponernos a divagar con esto que tanto nos gusta, con lo más importante de las cosas menos importantes, ya saben; pero es que aún no ha pasado el duelo. De hecho no creo que pase nunca porque esto ha dolido tanto que siempre va a quedar ahí, siempre va a estar presente. La fatalidad, los testimonios, los gestos, la rabia de preguntarse, ineludiblemente, si pudo haberse evitado esta tragedia, el llanto de un pueblo que todavía rebosa de tristeza en cada calle, en cada casa, en cada esquina… Cómo dolió; cómo duele. Cómo va a seguir doliendo.
Maldito 2026 que en sus albores nos deja también sin Manolo Toledano, un buenísimo hombre de sangre azul y blanca, una persona irremplazable. Pase lo que pase va a ser difícil que este año nos saque una sonrisa completa porque él y todos los que se fueron -un recuerdo a Miguel, otro gran albiazul siempre cariñoso con éste que aquí escribe y con estas columnas- van a permanecer para la eternidad en nuestra memoria como también el padre de nuestro querido Davinchi; como todos, vaya. Que en paz descansen.
Quizás el Decano sea capaz de sacarnos alguna mueca con su devenir, enderezado, sin duda, en este último mes, pero al que aún le falta una vuelta de tuerca para asegurar un paso firme. Se supone que en eso deben colaborar las nuevas adquisiciones (me siguen faltando un par de ellas como mínimo) para que el equipo dé la sensación que debió ofrecer desde el principio y que sólo ha aparecido en las últimas actuaciones en casa, una casa cuyos dirigentes, por cierto, deberían dar prioridad a oír al antiguo y siempre incipiente (de esa circunstancia vienen mil millones de males) Departamento de Historia para que éste diera unas cuantas clases magistrales fuera y dentro del club, no sea que vayamos a tener al propio enemigo en casa. Podrán decir lo que quieran, pero es más importante de lo que se creen y de lo que parece.
Imagino que un día volverán la ilusión, las palmas y los nervios, pero les confieso que hoy esta Platea únicamente sale por compromiso, porque el cuerpo y la mente ahora sólo piden silencio.
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