Análisis

Juanma G. Anes

Una máquina de desaliento

La fatiga de materiales es un proceso de cambio estructural permanente, progresivo y localizado que se produce en algún punto del material sujeto a condiciones que producen tensiones y deformaciones fluctuantes y que puede terminar en la aparición de grietas o en una fractura completa después de un número suficiente de fluctuaciones. Tal definición, que muchos ingenieros y/o personas de titulaciones similares se conocerán al dedillo, pero que uno ha buscado en la red, tiene mil similitudes con esta máquina de desesperar y de producir fatiga a los suyos llamada Recreativo. Quien no termine cada domingo con la cabeza y el corazón tensionados y agrietados por las penas y por la imagen insípida que se sigue ofreciendo (los resultados no engañan) es que está hecho de hielo. Y si añadimos las últimas noticias extradeportivas, que continúan dando sustos tremendos pese a las llamadas a la tranquilidad, ya ni les cuento.

Seguimos el presentimiento de hace un par de semanas -no había que ser un lince- y continuamos para bingo: aquí tienen fatiga, para dar y regalar, los materiales (vaya telita cómo sigue el césped a estas alturas), los jugadores (no hay regularidad en los 90 minutos en prácticamente ninguno de ellos), la grada (ahí no es que haya fatiga, es que hay arcadas como si se hubieran vivido tres Nocheviejas seguidas)… y me falta por identificar cómo anda de firmeza estructural Salmerón. Parece que es el único que se mantiene robusto y entero, algo que, entre otras cosas, es lo suyo porque para eso está ahí y puede que esa circunstancia sea la única positiva entre la penuria: no olvidemos las pérdidas de papeles de los entrenadores del pasado más reciente cuando todo empezaba a torcerse. Pero con Salmerón o con Belerofonte, o llegan ya los buenos resultados o su serenidad acabará donde todos imaginamos.

Yo sigo preguntándome cuándo llegará el bendito día en el que este equipo y este club dejarán de darnos calabazas diarias. Ya sea en lo institucional -por cierto, la falta de respeto a todo un símbolo albiazul como el Trofeo Colombino es una auténtica vergüenza- o en lo deportivo, las excusitas de pobres sobran. Otra semana de medio duelo. Dios nos coja confesados en El Ejido.

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