Celebración El Rocío refuerza su seguridad este fin de semana con motivo de la celebración de la Candelaria

Análisis

Manuel gómez Marín

El desahogo de Alberto Gallego aceleró su sentencia

Dani Alejo y Alberto Gallego se han comido el espacio entre ambos por falta de confianza

El presente del Recreativo no admite el disfrute de un final como el matrimonio perfecto de la Liga más exigente de su vasta historia por sacar un poco la cabeza de un pozo sin fondo respirando una bocanada de aire fresco. Este clima cambiante no reconocible activó la tormenta inadecuada, ya me lo esperaba, así lo he expuesto de manera taxativa porque lo veía llegar tras relatar la intranquilidad del sinvivir de un Decano en su mística de encallar por hábito entre el sufrimiento y la liberación, siempre pendiente de la metamorfosis.

Y es una pena que durante décadas en torno a una entidad digna y luchadora cohabite la falta de sintonía como la excepcionalidad para gozar de los momentos felices. Ya es triste que el equipo resuelva sus problemas en el campo y se rentabilice lo peor en la intimidad. Una vez conseguido con suficiencia el sí o sí del ascenso a Segunda RFEF procede el interés a prorrata sobre las ventajas o desventajas en relación al futuro de un técnico sentenciado urgando con apremio y el empeño de restar méritos a Alberto Gallego, un movimiento de traslación sin atajar claramente por el director deportivo. La desdicha de la anatomía de una caída que no es fortuita. De salir a hombros por la afición a ser defenestrado.

Una disposición de una rápida actuación ejecutiva. No es necesario adelantar hechos ya consumados, los entrenadores entran y salen cuando le convienen a los clubes bajo el examen de muchos apartados. Cada uno tiene sus ideas y todas son respetables, pero Daniel Alejo y el frustrado Alberto Gallego se han comido el espacio entre ambos por falta de confianza hacia el desamor en el ajuste de cuentas. El análisis y la valoración bajo el equilibrio y el sosiego no han tenido vida. Que el Decano está por encima de todo es tan cierto como que el Decano no controla el redoble de tambores. Su banquillo es un crematorio con alma viviente como base de un proyecto.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios