Cómo ser cofrade y no morir en el intento

Me gustaría haceros llegar unas reflexiones personales que realizo sin ánimo de ofender a nadie. En esta primera me paro en las prisas que estamos teniendo de unos años a esta parte, y es que no nos da tiempo de disfrutar ni saborear cada momento, la titularía: Cómo ser cofrade y no morir en el intento.

Nos estamos acostumbrando a adelantar acontecimientos, a no dar su tiempo, y en ocasiones, hasta llegar a la saturación. Comenzamos sin tregua una vez acabado el periodo estival, con los polvorones, compras de regalos y comidas copiosas. Todo ello como si no hubiera un mañana. Llevamos unos años que en algunas hermandades, ya sean de gloria o penitencia, se realizan las zambombas, casi todas ellas con fines benéficos, ya se suben al carro bares y cafeterías…, tanto es así que aunque el origen es celebrar frente a una hoguera el nacimiento de nuestro Señor, nos hemos visto obligados a hacer este tipo de actos incluso antes de la festividad de la Inmaculada, que antaño era el pistoletazo de salida al montaje del Belén y todo lo que ello conllevaba.

Otro capítulo aparte son los ensayos solidarios que, abogando al espíritu solidario de las épocas navideñas, se llevan a cabo, y con ellos pues más de lo mismo. Hermandades que se pisan en el día, bandas que tienen que hacer doblete… En fin, que en un mes pretendemos poder llegar a todos lados, colaborando con todas las hermandades, o al menos con alguna.

Una vez que terminan las fiestas navideñas, comenzamos con lo que se ha denominado precuaresma, término acuñado por los llamados jartibles, donde es un no parar. Conciertos, ensayos, besapiés, presentaciones de carteles, de enseres, y podría seguir con una larga lista de invitaciones que nos llegan a través de nuestro entorno, los medios de comunicación, las redes sociales, o por conocidos…

Mi reflexión de hoy va encaminada a la cantidad de conciertos, espectáculos, actos, pregones, exaltaciones, que ya sean con fines solidarios o no, ocurren en el pre y/o Cuaresma propiamente dicha. Como cofrade, y además de las jartibles, no me da ni tiempo ni me alcanza el dinero para poder acudir a todos los actos que se llevan a cabo en la ciudad y menos aun en la provincia o mas allá. Si bien es cierto que en muchos de ellos el precio es simbólico, es imposible acudir y lo más importante colaborar, pues es raro el fin de semana que no hay varios actos de los mencionados.

Amén de las Cruces de Mayo que han proliferado, y vemos a desatados padres de niños y niñas ataviados de los trajes propios para bailar de cruz en cruz, ser costaleros, representar al grupo joven de su hermandad, pero eso…, eso es la postcuaresma.

Desde estas humildes líneas, y aprovechando la oportunidad que me brindan, me gustaría expresar que los actos que organiza una hermandad no tienen por qué hacerlo todas, ya que de esta manera saturamos a los que quieren colaborar, siendo imposible abarcar todo, aunque quieras. Quizás debería existir una mejor coordinación entre las hermandades, las bandas, las instituciones…, un año es muy largo. También sería necesario pensar en nuevos actos y actividades, encontrando otra fórmula para la consecución de objetivos que no sea repetir siempre lo mismo y lo que ya se hace. Quizás planteándolo de una manera organizada y planificada conseguiríamos más.

Vivamos cada tiempo con tiempo, que esto pasa y no vuelve.

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