Análisis

Juanma G. Anes

Crucifíquenle, que es gratis

Fue a final de junio cuando, con mil incógnitas merodeando al Decano y al fútbol que nos espera, el gran Nardy Lafuente me invitó a su ágora televisivo para hablar del Recre y de sus circunstancias. Recuerdo que una de mis pequeñas obsesiones esa jornada fue hablar de Quiles y de mis temores sobre una posible marcha del onubense.

No hay que ser un lince para considerar que al delantero se le queda pequeña la tercera categoría del fútbol español, aunque toda opinión contraria es respetable. Si a sus peculiares habilidades se le suma un poco más de regularidad en un buen conjunto este chico puede ser un escándalo, porque ya ha demostrado sus dotes sin un gran equipo rodeándole. Ahora que tiene la oportunidad de salir y mejorar económica y deportivamente ya ha comenzado la típica cacería hacia el atacante como también hacia Dani Molina por marcharse a Almendralejo; que el chaval reciba allí unas condiciones económicas inalcanzables para el Decano les da igual a los inquisidores. Estos, por cierto, suelen ser los primeros que luego, cuando a algo que se le cataloga como merece, con todas sus letras, se ponen a gritar como grillos encogidos por conocer la verdad de ese maravilloso mundo de lo políticamente incorrecto, pero ésa es otra historia.

Puede que Quiles se vaya y si eso ocurre, llevándose el Recre el pellizco que sea, ojo a la primicia: otro -¡oh, sorpresa!- vendrá por él. Caparrós ascendió a un equipo que perdió a don Iván Rosado (me pongo de pie), una auténtica máquina de hacer goles y un superclase, porque la fuerza estuvo en todo el plantel y en un líder como el utrerano. Con lo de Alberto será lo de siempre: le crucificarán, hablarán con dureza de su no sé qué del corazón y de la tierra, acribillarán a la cantera y a todo el que pase por ahí. Y si al final se queda o si vuelve en un futuro los acusadores disimularán silbando y mirando a otro lado y aquí no habrá pasado nada. Del cero al cien y del cien al cero con el odio y el amor eterno en los extremos: ahí viven los exacerbados (y las exacerbadas, claro), como con Chuli sucedió en apenas un par de meses. Y pelillos a la mar. El día que descubran que, como normal general, los jugadores juegan donde quieren se caerán del guindo. Y, si no, que pregunten en Majadahonda, donde esa inexpugnable 'guardia pretoriana' que se marchó de aquí le ha durado bien poco a un dirigente idolatrado por cierto sector local. Ay, esa maldita hemeroteca.

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