En la muerte de Brines Brines en 'La cama de Minerva'

  • Aurora Luque recuerda la edición en la Antigua Imprenta Sur de Málaga de las elegías que el autor dedicó a su madre

Un detalle de la portada de las 'Elegías a M. B.'.

Un detalle de la portada de las 'Elegías a M. B.'. / D. S.

Los poetas crean belleza para el mundo, una belleza libre y libertaria que puede ser gozada por todos los habitantes del planeta. Esa idea me acompaña en estas horas tras la muerte de Francisco Brines: no hay herencia más universal que la de la poesía; no hay paraíso más abierto. Todas las lectoras y lectores pasados y futuros heredamos el tesoro suntuoso de los versos de Brines: a nadie se le esconden, a todos se nos ofrecen como un don incalculable. He tenido la suerte de heredar de él otra riqueza: la de conocerlo en persona, la de compartir con él lecturas recogidas, sobremesas amenas y lentos paseos sabrosamente conversados. Y añado una tercera gran fortuna: la de editar poemas suyos nada menos que en las máquinas de la Antigua Imprenta Sur de Málaga. Sí: las viejas prensas de Prados y Altolaguirre se volvieron a poner en marcha en el Centro Generación del 27 y José Antonio Mesa Toré, el maestro impresor José Andrade y yo ideamos una nueva colección de gran formato para la mejor poesía inédita de los mejores: La cama de Minerva. Francisco Brines nos cedió las elegías a su madre para el número tres, que se acabaron de imprimir el 12 de noviembre de 2010, compuestas a mano por Pepe Andrade sobre papel Ingres de la casa Gvarro de 30 por 22 centímetros y con una preciosa ilustración de José Saborit. Contamos con la ayuda paciente de Carlos Marzal, que consiguió que Paco cesara en su infinita tarea de pulir y reuniera los dispersos borradores venciendo quizá alguna resistencia a dejar volar unos versos tan hondamente íntimos.

Dentro de Elegías a M.B., la maravilla. Uno de los poemas, "La espera", no es inédito: pertenece a Aún no, de 1971, y anticipa esa evocación de los desaparecidos que se añoran en un sueño con luz y con aroma de frutos:

"Con rostro plateado y hondo olor/ de naranjo, espera un hombre. / Y una mujer espera, vigilando/ el jazmín. Son dos extraños.// Miré desde el balcón / y en el balcón no había nadie".

El poema 'Reencuentro'. El poema 'Reencuentro'.

El poema 'Reencuentro'. / D. S.

En el poema "Reencuentro" el azahar le devuelve el abrazo de sus padres:

"He bajado del coche / y el olor de azahar, que tenía olvidado, / me invade suave, denso. / He regresado a Elca/ y corro, / no sé en qué año estoy/ y han salido mis padres de la casa/ con los brazos abiertos, / me besan,/ les sonrío,/ me miran / –y están muertos–,/ y de nuevo les beso".

Leídas hoy, 21 de mayo, unas horas después de su muerte, conmueven hasta el fondo estas elegías de Francisco Brines que parecen escritas desde el umbral de la vida que mira a los parajes de la muerte:

"Paseo en la terraza / y es un mayo de sol, de azul/ sosiego, de cantos en las ramas/ y de súbitos vuelos./…/ Me diste la existencia / y acaso, porque fui, / fue más feliz la tuya. / Hoy se apaga la tarde / con lentitud, / se acerca hasta el vacío; / y el día que se acaba/ ha sido muy hermoso". ("Un aire en la terraza")

La nota final de 'Elegías a M. B.' La nota final de 'Elegías a M. B.'

La nota final de 'Elegías a M. B.' / D. S.

Aunque el día que se acaba no es hermoso –nos duele tanto saber que no estará ya en Elca nuestro gran poeta mediterráneo– brindamos llenos de gratitud por su memoria. Cada poema suyo seguirá abriéndose lleno de aromas de mitológicos huertos, lleno de pasión por la vida, de sensualidad y melancolía, de hondos himnos perfectos a la belleza, a los cuerpos, a la amistad, al eros y a la luz.

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