Obituario Buena singladura, Capitán de las dunas

Buena singladura, Capitán de las dunas Buena singladura, Capitán de las dunas

Buena singladura, Capitán de las dunas

Francisco Pérez Capitán de las Dunas, maestro en sus ratos libres, escritor, pintor y poeta, marchó con el ocaso del día de San Juan en busca de la felicidad plena junto a su muy amada Eugenia. Desde que el Caballero de la Muerte se la llevó hace poco más de año y medio, el Capitán no cesó de fijar rumbo para reencontrarse con ella. Ese era su destino y el Santo Grial que durante toda su vida buscó cual caballero templario desde la atalaya de esta Huelva en la que nació y tuvo el privilegio de pasear por los cabezos y marismas con su abuelo Pedro Gómez, el pintor del Conquero, desarrollando inspiración llevándole la caja de pinturas o el caballete que superaba la estatura de aquel mozalbete pillín y algo gamberro que heredó la sensibilidad, el arte y la capacidad de sentir la belleza de la vida y que siempre rondaba entre los espacios del estudio de la calle San Cristóbal, donde con su abuelo se alimentaban las musas de muchos artistas de la Huelva de entonces.

Miembro del Grupo Santa Fe, fundador del Club de Escritores Onubenses, el Capitán de las Dunas se ha ido. Ya no podremos volver a verle ni acompañarle en sus tardes de salón en penumbra separados por una copa y perfumados por el humo de un cigarrillo mientras hablábamos más de lo divino que de lo humano y recordábamos mil batallas de emociones, personajes y mundos que tan bien supo trazar en su inmensa y admirada obra literaria y pictórica, pero aún tan desconocida para muchos.

Con títulos como Zalassa, primer libro de prosa poética dedicado a Punta Umbría; los rotundos y casi mágicos Grial y Los primordiales; el excelente La mano y la pared, donde sus personajes literarios cobraban vida con sus pinceles y plumillas; o Huelva, guía para visionarios, donde nos enseña una Huelva imaginada, alternativa a la que no gustaba y que una vez le llevó a exiliarse literariamente viajando hacia Kenitra a través del suplemento literario El Fastasma de la Glorieta, porque para él “la realidad es ilusión y solamente lo ilusorio es real”.

Se ha ido dejando aquí a los que le queríamos y aceptábamos su militante ausencia de fastos y oropeles. Su mundo éramos unos pocos privilegiados, su pluma, sus pinceles y su imponente alma siempre en lugares en los que sus personajes estaban tocados por la divina fortuna de ser lúcidos. Con él se va buena parte del alma de una Huelva que fue cierta y a la que ahora nos toca hacer justicia recuperando, reivindicando, mostrando en toda su potencia la obra de Paco Pérez. No sé si ahora estará paseando por los paisajes de su obra, esos donde están la ermita de San Nadie; el entrañable Marcelo, que necesitaba escribir cartas para buscar respuestas sobre el amor, la belleza y la libertad en las palabras de los libros y de los amigos; cientos de personajes pintados y narrados que en sí, no eran más que él mismo que como en el Manifiesto de su libro Grial, se sumó a “todos los que quieren escapar hasta la libertad de ser verdaderamente ellos mismos. A todos los que no se resignan a que las cosas no sean como ellos sueñan… a todos los que gusten que cada día de su vida sea la página de un libro fascinante.

Coherente hasta el último momento, hizo cierto su credo: “Todo lo bello esta mas allá de toda ley”, ¿habrá conseguido ahora respuesta a su pregunta “ciudad dorada de mis antepasados ¿por dónde se va a ti? Ciudad dorada de mis padres ¿dónde están las puertas?”. Ojalá

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