¿Hay riesgo real de desborde en Huelva? El experto Juan Antonio Morales analiza la resistencia de los ríos Guadiana y Odiel tras las últimas siete borrascas
¿Por qué el agua se "empantana" en Huelva? Morales desgrana las claves geológicas de una provincia donde la marea alta y el viento de costa son tan determinantes para las inundaciones como el propio caudal de los ríos
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La sucesión de siete borrascas de gran impacto en este inicio de 2026 -la décimo tercera desde que comenzó la temporada- ha puesto a prueba la resistencia hídrica de la provincia. Con las cuencas saturadas y los embalses bajo vigilancia, surge la pregunta inevitable: ¿hay un riesgo real de desborde? Juan Antonio Morales, Catedrático de Geología de la Universidad de Huelva, desgrana una situación donde los protagonistas, los ríos Guadiana y Odiel, presentan comportamientos radicalmente distintos ante temporales como los vistos recientemente.
El Guadiana, explica, "es un río enorme, con afluentes que nacen en puntos remotos. Esta magnitud hace que su respuesta sea tardía: el agua que cae hoy en el interior de la Península tarda días en alcanzar nuestro litoral". Su gran salvaguarda son los 46 embalses que regulan su caudal, aunque es precisamente uno de ellos el que estos días, tras los efectos de la borrasca Leonardo, ha marcado el punto crítico: Alqueva, en el Alentejo portugués.
Si Alqueva alcanza su nivel máximo y se ve obligado a aliviar agua de forma brusca, ese caudal extra se precipita hacia un curso bajo muy "encajado" del río. Al tener orillas altas y estrechas, el río Guadiana carece de llanuras donde el agua pueda extenderse. El peligro real, según Morales, aparece cuando este desembalse masivo coincide con la marea alta, lo que puede causar la inundación de la zona ribereña.
Pese a ello, el experto descarta un escenario de catástrofe: "No como las riadas de corriente salvaje que vemos en otros sitios". El riesgo en el Guadiana es la subida del nivel y el encharcamiento. Las partes bajas de Ayamonte, Villarreal o Castro Marim podrían verse afectadas simplemente porque el agua se "empantana", alcanzando las viviendas más próximas a la ribera. Esto ha ocurrido tradicionalmente, dice, "por algo los portugueses lo llaman el río de las inundaciones".
El "efecto tapón" en el Tinto y el Odiel
En el otro extremo se encuentran el Tinto y el Odiel. Al ser ríos cortos (menos de 100 km), su respuesta es inmediata: lo que llueve ayer en la Sierra, llega hoy a Huelva. Aquí, el problema no es solo el caudal, sino una combinación de tres factores: lluvia intensa, vientos fuertes de costa y pleamar.
Este fenómeno crea un bloqueo: el viento y la marea empujan el agua hacia la tierra, impidiendo que el río desemboque. Al no poder salir al mar, el agua busca salida por los lados, inundando zonas de la capital, San Juan del Puerto o Gibraleón. Como dato curioso, Morales revela que no hay más pueblos en estas riberas porque sus aguas ácidas impidieron históricamente la agricultura y la construcción.
La capital onubense, dice, representa un caso excepcional en España por su horizontalidad. Lo que ocurre en Huelva es un fenómeno mixto: inundaciones fluviomarinas. Al ser una ciudad tan llana, el agua carece de fuerza para correr; simplemente se acumula. "En Huelva el agua no corre, se inunda por empantanamiento", explica el experto.
¿Está la ciudad preparada? El experto asegura que sí. Hace más de una década se instaló un cinturón sanitario con válvulas y tuberías de gran tamaño que cortan la comunicación del saneamiento con las mareas, permitiendo almacenar agua en momentos de gran caudal. No obstante, la vulnerabilidad persiste en zonas como San Juan del Puerto, donde su muro de contención "no es lo suficientemente grande", a diferencia del de Gibraleón, que ofrece mayor protección.
El peligro en la tierra: los cabezos
Más allá de los cauces, los últimos temporales han activado un riesgo geológico: los desplazamientos de masa. La lluvia persistente se infiltra profundamente, actuando como un lubricante que disminuye la fricción del suelo. En zonas de pendiente, como los Cabezos o el eje entre Beas y Trigueros, el terreno se empapa, pierde el agarre y se desliza. Esto explica los desprendimientos registrados en áreas alejadas de los ríos.
¿Son estos siete últimos temporales en cadena la nueva normalidad?
La racha de siete borrascas en apenas un mes responde, según Morales, a ciclos de actividad solar. Con menos radiación y un mar más frío, las borrascas bajan su latitud hacia Andalucía y el norte de África. Si el océano estuviera más caliente, dice, pasarían por el norte de Europa, provocando sequía aquí.
Sin embargo, el cambio climático parece estar alterando la escala. El sistema de nombres alfabéticos para las borrascas es el mejor termómetro: "Antes nunca se llegaba a las últimas letras". Hoy, la frecuencia es tal que ya faltan letras y se debe recurrir al alfabeto griego (Delta, Gamma...). Es el indicativo de una temporada que, desde el inicio del año hidrológico, parece dispuesta a agotar todas las previsiones.
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