'WAR ROOM'

Una mala campaña puede arruinar el resultado

  • La movilización del electorado es uno de los principales objetivos, mantener el propio y pescar en otros partidos

  • No se admiten distracciones porque las consecuencias pueden ser letales

Una calle cubierta de papeletas durante una de las primeras campañas de la España democrática. Una calle cubierta de papeletas durante una de las primeras campañas de la España democrática.

Una calle cubierta de papeletas durante una de las primeras campañas de la España democrática.

GANÓ la guerra y luego perdió las elecciones. En 1945, justo después de culminar la derrota de la Alemania nazi, Winston Churchill fue derrotado en las elecciones en Gran Bretaña por el laborista Clement Attle, después de una muy mala campaña en la que asustó al electorado y no supo captar las demandas de bienestar social de la posguerra.

Sea cual sea el objetivo, que no siempre es ganar, las campañas son momentos críticos para los partidos, se están jugando su posición en el futuro espectro político. Y como el resultado siempre es incierto, nunca hay que dejarse llevar por la confianza y deben estar bien planteadas. Una mala campaña puede llevar al candidato y al partido al abismo.

Las campañas no siempre tienen la misma influencia en la decisión del voto ni en la participación. De hecho, las elecciones de alternancia, de cambio de gobierno, suelen ser de alta participación, mientras que en otras de continuidad, el electorado, o bien se encuentra menos motivado para acudir a las urnas o se deja llevar por la confianza en el resultado.

Una campaña electoral es pasión, trabajo las 24 horas del día y atención permanente

Durante los quince días en los que los candidatos pueden pedir el voto se produce un monumental despliegue de actividades organizadas bajo el paraguas de una estrategia diseñada para conseguir los objetivos electorales marcados. Los candidatos han de dar a conocer sus propuestas a los ciudadanos, tratando de influir en la agenda de los medios de comunicación y, por tanto, en la agenda pública.

Una campaña electoral es pasión, trabajo las 24 horas del día y atención permanente. Las campañas no admiten distracciones porque sus consecuencias pueden ser letales.Se dice que la campaña comienza el día después de las elecciones. Es lo que ahora se llama campaña permanente, aquella que va construyendo a través de los medios de comunicación un relato diario del gobierno y de la oposición durante toda la legislatura.

Cuando llega el momento de la campaña electoral propiamente dicha, los candidatos sólo tienen que rentabilizar el posicionamiento que deben haber establecido durante este tiempo en los electores. Ésta es la razón por la que se suele hablar del alto porcentaje de electores que tienen decidido su voto antes de que comience la campaña electoral.

Según el último barómetro del CIS, 3 de cada 10 encuestados no tienen decidido aún el sentido de su voto o no se lo darán a ningún partido político. Hablamos de un importante caladero de votos, que puede ser determinante en las próximas elecciones generales e inclinar la balanza hacia un lado u otro.

La movilización del electorado es uno de los principales fines de una campaña electoral, donde, además de mantener al electorado propio, se intenta pescar en otros partidos. Expertos señalan que en España la conversión de votantes (captación de votantes de otros partidos) se sitúa en torno al diez por ciento, unos tres millones de personas. Sin embargo, estos movimientos se pueden neutralizar entre sí, ya que lo que ganan por un lado pueden perderlo por otro.

Tipos de campañas políticas

Existen diferentes clasificaciones sobre los tipos de campañas políticas. Las hay de baja intensidad (léase elecciones europeas) o de alta intensidad en función del interés que despierten en los medios de comunicación.

En cualquier país se pueden reconocer tres tipos muy característicos. Las campañas intuitivas son aquellas con elevada carga de improvisación en la que sus artífices sólo tienen en cuenta la importancia de las emociones y confían en sus propias percepciones de la realidad en lugar de hechos y datos. Las campañas profesionales, las que todo candidato quiere, están altamente profesionalizadas y requieren mucho tiempo e inversión económica, pero tienen el inconveniente de que se vuelven mecánicas y poco naturales. Las campañas mixtas combinan la profesionalización con la espontaneidad, dándole a la campaña un toque más humano y realista. 

Una clasificación relacionada con el ritmo y la aceleración son las campañas de ascenso progresivo, que van de menos a más; la campaña relámpago, con una gran concentración y despliegue de recursos y materiales en un periodo corto de tiempo; campaña paso a paso, en la que la imagen del candidato va siendo construida a través de pseudoacontecimientos cuidadosamente preparados para mantener la atención de los medios y la campaña stop and go, a la que se suele acudir cuando no se tienen recursos suficientes y se asemeja a un surfista aprovechando el impulso de las olas.

Consiste en recomenzar cada vez que surge un acontecimiento que podría reforzar potencialmente la figura del candidato, como por ejemplo una encuesta. De esta clasificación, la campaña paso a paso es la más costosa y difícil de realizar pero tal vez sea la más efectiva.

El psicólogo Daniel Eskivel realiza una interesante clasificación de las campañas electorales:

  1. Modelo dinosaurio. Es la campaña electoral al viejo estilo.  El eje es el candidato, sus ideas y sus proyectos. Enamorado de su discurso, el candidato cree que basta con soltarlo por doquier para que los electores corran a votarlo.
  2. Modelo tecno. El eje es la emisión del mensaje, su calidad técnica e incluso su perfección. La publicidad está hecha por especialistas. Reinan las formas y el buen gusto.
  3. Modelo gurú. La estrella es el consultor político. Actúa a modo de gurú y aplica sus mismas recetas en todas las campañas. 4. Modelo elector. Es la campaña electoral que se centra en el ciudadano que va a votar, en el complejo territorio de su psicología. El elector es la obsesión de esta campaña, que tiene en cuenta su conducta, su perfil, sus gustos, sus opiniones y sus problemas. En tanto que son los ciudadanos quienes finalmente deciden el sentido de su voto, Eskivel tiene claro que la campaña electoral debe plantearse y desarrollarse a medida del elector, no del candidato, del publicista o del consultor.

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