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Trece años y medio de prisión por torturar durante años a su mujer y sus hijos en Huelva

  • El maltratador llegó a violar a su pareja y a agredir a los menores en varias ocasiones

El Palacio de Justicia onubense, sede de la Audiencia Provincial y donde se enjuiciaron los hechos. El Palacio de Justicia onubense, sede de la Audiencia Provincial y donde se enjuiciaron los hechos.

El Palacio de Justicia onubense, sede de la Audiencia Provincial y donde se enjuiciaron los hechos. / Alberto Domínguez (Huelva)

Trece años, seis meses y tres días de prisión tendrá que cumplir un maltratador onubense por agredir, lesionar y vejar a su familia durante años, en los que llegó, incluso, a violar a su propia mujer. Así lo ha dictado la Sección Tercera de la Audiencia Provincial, que además le impone seis años de libertad vigilada, tal y como consta en la sentencia, a la que ha tenido acceso Huelva Información.

Como se detalla en la resolución, la relación del acusado con su compañera sentimental comenzó en 2006. Fruto de ella son sus tres hijos: una niña de seis años, otra de seis y un crío de cinco.

Los problemas, según la sentencia, comenzaron en 2016, cuando “se volvió celoso y controlador”. Al año siguiente ya dirigía “repetidamente” a su compañera expresiones como “me cago en tus muertos, perra, puta, no vales para nada” o “te voy a matar, te voy a dar una ostia, te voy a quitar a los niños, me voy a matar, me voy a estrellar con el coche con los niños”.

Era frecuente que la echara de casa “sin dejar que se llevase a sus hijos, lanzándole, en las discusiones, todo tipo de objetos y sometiéndola a violencia ambiental en la que era habitual que rompiese efectos o golpease puertas y ventanas”. Así sucedió en junio del 2019, cuando a la hora de la comida, el procesado “empezó a tornarse violento tirándole a su mujer un cuchillo, que dio contra la puerta de la cocina, arrojando un plato al suelo y lanzándole otro cuchillo que ella logro esquivar”.

La Sala remarca que en los últimos años el maltrato psicológico pasó a ser físico: bofetadas, empujones, golpes o tirones de pelos eran el pan de cada día de la víctima, que nunca denunció los hechos ni acudió al médico.

“Este clima de violencia constante se producía, normalmente, en el domicilio, con independencia de que sus hijos estuviesen presentes, y comenzó a hacerse extensivo a los mismos”, precisa el tribunal. A ellos les dedicaba manifestaciones como “me cago en vuestros muertos, el perro del niño, cabrón, maricón, las perras de las niñas”.

Impidió dormir a las víctimas porque habían ido a un centro comercial en Halloween

Una noche de Halloween, “contrariado porque su mujer y sus hijos hubiesen ido” a un centro comercial de la capital, el acusado arremetió contra su familia. La madre y los niños dormían juntos “por el miedo que le tenían”. El maltratador les echó por encima el contenido de una botella de agua, mojándoles a la vez que les decía “aquí no duerme nadie”. Los levantó de la cama y los llevó al salón, “sin permitir que se durmiesen hasta que él lo hizo”.

Los episodios de malos tratos se recrudecieron a partir de la primavera del año pasado, cuando se fue a vivir el domicilio familiar una sobrina del acusado “que solía interceder a favor de su tía y primos”.

Uno de ellos se dio cuando la hija mayor no quiso comer. “Le metió la cara en el plato de macarrones, llegando a agarrar el palo de la escoba para agredirla”. Cuando la madre de la menor se interpuso, este “la zarandeó y la empujó”.

En agosto de 2019, coincidiendo con las Colombinas, se produjo la violación. “Con gran agresividad, empezó a insultar a su mujer mientras la empujaba y la agarraba para echarla del domicilio; si bien, repentinamente, cambió de opinión y la llevó a la fuerza al dormitorio”, se detalla en la sentencia.

Allí, al grito de “te voy a tratar como lo perra que eres”, le quitó la ropa mientras la golpeaba con violencia, “obligándola a desnudarse, llegando a penetrarla vaginalmente en contra de su voluntad, exigiéndole que se callase y compeliéndola a que se colocase de una u otra forma, sin hacer caso a sus negativas, ni a sus peticiones de que la dejase y sin importarle que sus hijos y sobrina, que estaban en el salón, oyesen lo que pasaba, haciendo caso omiso a las súplicas de esta última de que dejase a su tía”.

En octubre, tiró del pelo a la mujer hasta arrojarla sobre la cama porque le había cogido dinero. Unos días más tarde, abofeteó a su hijo y lo cogió del cuello.

Sobre las 15:00 del 4 de noviembre de 2019, el encausado “se molestó porque su mujer recibiese un mensaje de Whatssap y, arrebatándole el móvil, cogió la cuerda de sacar a pasear al perro y le dio repetidamente por las piernas”. Ella se refugió en casa de un vecino. La Policía la trasladó a un centro médico, donde le curaron las heridas.

La Audiencia observa que la mujer no había denunciado hasta ese momento a su pareja “por una mezcla de miedo, pena de dejarle solo y motivos económicos, ya que él era el único que trabajaba, haciéndolo esta vez al haber intervenido ya la Policía y con el fin de proteger a sus hijos”. La víctima está calificada en VioGén como de riesgo alto.

El acusado reconoció los hechos en el juicio. Ha sido condenado por la Audiencia a dos años de prisión un delito de maltrato físico y psíquico habitual, a 195 días de trabajos en beneficio de la comunidad por tres delitos de lesiones a su pareja, a un año y medio y dos días de reclusión por las lesiones a sus hijos; a nueve años y un día de privación de libertad por el delito de agresión sexual en concurso con un delito de lesiones sobre su mujer (con agravantes de parentesco y género); y a otro año de prisión por maltrato de obra contra la víctima principal.

En total, 13 años y medio de prisión a los que hay que sumar otros seis de libertad vigilada. Anejas a las penas de prisión, el tribunal le prohíbe acercarse o comunicarse con las víctimas durante años y la tenencia y porte de armas.

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