elena carrillo, Premio Tierra de Mujeres de la Fundación Yves Rocher

"Las nicaragüenses no sólo cuidan sus casas, también las construyen"

"Las nicaragüenses no sólo cuidan sus casas, también las construyen" "Las nicaragüenses no sólo cuidan sus casas, también las construyen"

"Las nicaragüenses no sólo cuidan sus casas, también las construyen" / interprofit

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-Forma parte con otras mujeres del Colectivo Zompopo, que ayuda a su vez a mujeres nicaragüenses que han de edificar sus propias casas. ¿Por qué se da esa circunstancia en ese país?

-A las nicaragüenses, en las zonas rurales, se les encomienda que no sólo cuiden de la casa, sino que también la construyan con sus manos. Y mantenerla en su integridad. Sus hogares son las llamadas viviendas de tierra, que se construyen con materiales locales, con adobe, con bajareque (que es un entramado de madera y tierra). Impartimos talleres de formación para que ellas sean capaces de utilizar de manera segura y eficaz las técnicas tradicionales.

Hay una arquitectura de grandes edificios, pero yo prefiero la arquitectura de la gente"

-Usted habla de casas de tierra. ¿Realmente son seguras?

-En Nicaragua las técnicas tradicionales son las más seguras para las viviendas rurales. Son respuestas locales tras siglos de pruebas en una zona de mucha actividad sísmica. En Nicaragua hay una decena de volcanes activos. Las casas con los terremotos no se caen por la mala calidad de los materiales, sino por la forma en que están construidas, de ahí nuestra inquietud de dar más formación a esas mujeres.

-¿También son casas sin losas?

-El suelo es de embarrado, que se mantiene y enluce día a día. Es tan limpio como las losas o los suelos de madera. Para fortalecer los materiales les añaden aditivos como la savia del cactus, que es un estabilizante natural.

-¿Cómo son las condiciones de vida de esas amas de casa?

-Muy duras, como las de sus generaciones pasadas. No es demasiado diferente a la vida de la mujer rural en la España de hace 60 u 80 años. Son mujeres que hacen una labor muy importante y que, por supuesto, no van a ser reconocidas por nadie.

-¿Y qué hacen los maridos, los hijos?

-Normalmente pasan el día entero en las faenas del campo, con el ganado. Los hijos ayudan en lo que pueden.

-¿De alguna manera esas mujeres, al menos las hijas, pueden escapar a su destino?

-Depende del lugar. Hay mucho por hacer en las zonas rurales de Nicaragua y lo más efectivo es mejorar esa realidad desarrollando las comarcas. Es una labor de mucho tiempo, poco a poco. En las ciudades hay mujeres que trabajan. Todas las nicaragüenses trabajan mucho. En los pueblos hay mujeres que también tienen pequeños negocios de venta de animales, artesanía... Todas son mujeres invisibles.

-¿De qué manera se las ayuda para mejorar sus casas?

-Creando cocinas de leña mejoradas, perfeccionando las técnicas de autoconstrucción, reforzando sus conocimientos para crear mejores materiales.

-¿Sería factible construir en España casas de tierra como las nicaragüenses?

-Es factible, por supuesto. Hay que adaptarse a esos materiales. Esas casas pueden ser tan cómodas, y seguras, como las construidas con ladrillo y hormigón. Permiten perfectamente cualquier infraestructura de saneamiento, de electricidad. Con la globalización se ha perdido identidad y en España se podrían recuperar técnicas tradicionales.

-¿Qué sería lo más difícil de mantener en una vivienda de tierra?

-El suelo es la zona más delicada. Hay que tener un cuidado constante, como el que hacen las mujeres de Nicaragua. Se puede impermeabilizar el suelo. Allí es un proceso muy caro y por eso no lo pueden hacer en la mayoría de las familias. Con una impermeabilización el acabado es perfecto.

-¿Esas casas rurales nicaragüenses que ayuda a construir tienen luz y agua?

-Si hay red a mano, por supuesto. Hay sitios que no hay luz y entonces trabajamos para surtir de electricidad a esos hogares. Nosotros nos centramos sobre todo en la autoconstrucción, formar y ayudar a los vecinos. Hay otras organizaciones que trabajan en infraestructuras para impulsar a esas comarcas.

-¿No le gustaría como arquitecta planear edificios colosales como los que trazan otros colegas?

-En Nicaragua estuve en principio cuatro años, aunque sólo iba para unos pocos meses y regresé porque me llamaba esa vocación de ayudar a estos pueblos. Hay una arquitectura de grandes edificios pero yo prefiero la arquitectura de la gente... Así me siento más útil. Es un cambio en la vida de muchas familias el que hacemos desde el colectivo. Arquitectos hay muchos y hay mucha necesidad de hacer otras cosas con nuestra profesión. Es cuestión de mirar...

-¿Quiénes forman el Colectivo Zompopo?

-En el trabajo del día a día estamos tres españoles, dos chicas y un chico, y una polaca. Somos dos arquitectos, una politóloga y una socióloga. Trabajar a pie de calle nos reunió, adaptándonos a las necesidades reales que nos encontramos.

-Usted ha sido distinguida con el galardón Tierra de Mujeres por hacer, precisamente, casas de tierra para mujeres...

-Ha sido un honor recibir el premio de la Fundación Yves Rocher. No hay mayor realidad que estar unido a la tierra.

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