Israel Gómez, 'Irra' | Autor de cómics "Rezo a san Spiderman y a san Batman"

Israel Gómez, 'Irra'. Israel Gómez, 'Irra'.

Israel Gómez, 'Irra'. / Juan Carlos Muñoz

Su primer cómic (Palos de ciego) despertó el interés de una editorial de referencia en los cómics como Astiberri y fue publicado en Francia; ahora recurre al micromecenazgo ("es una propuesta más libre") para publicar No te serviré (Spaceman Project, ECC), obra por la que se han interesado para rodar una película. Israel Gómez, Irra, es un sevillano de San Juan de Aznalfarache (1979) que se la ha jugado para dedicarse a la pasión de su vida: los tebeos. Tiene grabada a fuego una frase del escritor Luis Martín Santos: "Un hombre es la imagen de una ciudad y una ciudad las vísceras puestas del revés de un hombre".

–Su servicio de prensa afirma que es un autor jovencísimo pero tiene 41 tacos.

–Será porque llevo poco en el cómic. Fui casi diez años cerrajero, rompí con aquello y acabé metido, tarde, en el mundillo de la historieta.

–Cerrajeros: ¿no es esa profesión un sucedáneo para ladrones frustrados?

–Totalmente, el arte innoble de abrir candados y postigos. Me encantaba, pero arrastra mala fama, quizás por las circunstancias en las que se ejerce, de madrugada y cobrando cara la hora nocturna. Yo no era un abrepuertas de sablazo, de 250 o 300 pavos.

–¿Anhela transformar la realidad o teme que le saque una costra de cinismo?

–La realidad te da una hostia y te pone en tu sitio. No voy a cambiar nada, utilizo el medio para poder expresarme y paliar el dolor y el sufrimiento que arrastramos todos. Pongo el arte al servicio de mis demonios interiores.

–Viendo la crudeza de sus cómics, ¿los que leímos Astérix y Obélix, Mafalda o Mortadelo y Filemón somos unos blantitos, una raza inferior?

–No, sólo que los tiempos han cambiado. Es comparar el cine de los Ozores con el de hoy.

–Esos cómics son buenos.

–Por supuesto, y tienen su valor temporal, retrataban una época y unas maneras de vivir que han desaparecido. Están un poco en desuso y hoy se ha abierto un abanico de posibilidades expresivas mucho mayor.

–¿De crío en clase pensaba en las musarañas mientras dibujaba en lugar de aprenderse la tabla del nueve?

–Era el típico mueble en el colegio, el que entregaba los exámenes con dibujos hechos en las preguntas. Siempre le decía el tutor a mi madre: "El niño no estudia una mierda pero tiene una mano para el dibujo...".

–Tiene muñecos de superhéroes al lado de su portátil. ¿Les pide auxilio cuando vienen mal dadas como otros rezan al Altísimo?

–Los superhéroes son los santos de hoy día. Es la representación del panteón de los dioses clásicos. Más de una vez les he rezado a san Spiderman y a san Batman.

–Con Palos de ciego quería golpear al lector en el estómago mostrando los bajos fondos de su pueblo, ¿a qué parte dirige su punch en No te serviré?

–Primero al estómago y después al intelecto. Este cómic te lleva primero por un camino pero cuando lo concluyes te guía por el contrario, hay que hacer una retrospectiva, volver al origen para sacarle un significado distinto totalmente al de la lectura inicial.

–¿Me presta el título para calzarle la frase a mi jefe?

–Lo elegí, aparte de por la famosa frase de Lucifer en El paraíso perdido, porque tiene un doble sentido: no serviré al patrón y no sirvo realmente para nada; digamos que tiro las armas, aquí me entrego a pecho descubierto.

"Si fuera un personaje de ficción sería un cruce entre el Quijote y Serpico; mi plato de comida me lo pago yo"

–Creció en La Esquina del Gato, barrio marginal de San Juan de Aznalfarache, y se autodefine como "barriobajero". ¿Cómo ha evolucionado de los años duros de la heroína a hoy?

–Vivía dos calles más abajo del barrio de Santa Isabel, conocido como el de los gitanos, donde se crió mi madre y yo jugaba de pequeño. En los 90 la gente se mataba a tiros por la droga. Tras una gran redada se puso en orden pero últimamente está más de tapadillo. Es un foco de droga por la pobreza. Los futbolistas que viven en Simón Verde, justo al lado, compran allí la droga, pero nunca se pone el foco en ellos. El problema, como México con EEUU, es tener la riqueza tan cerca. Y no se le pondrá solución.

–¿Es el ejemplo de que brotan flores en el lumpen?

–No. La pobreza genera miseria y el lumpen sólo trae problemas y la cárcel. Para crear hay que estar feliz y tener cubiertas las necesidades básicas y la cabeza muy bien amueblada; si no es así, no tienes manera de escapar.

–¿El Ingreso Mínimo Vital será un balón de oxígeno para barrios humildes?

–Será un bote salvavidas, pero deberían potenciar medidas políticas para salir por tus medios, como una buena red de bibliotecas públicas, acceso gratuito a la cultura y encarrilar a gente que sólo va en una dirección. Hay que saber mirar más allá del dinero y eso sólo lo da la cultura.

–¿Le ofende la expresión "eres del tebeo"?

–Me gusta porque surgió cuando el tebeo era muy popular, estaba en boca de todos y eso hoy se ha perdido.

–Despunta en el panorama nacional, pero no frecuenta saraos en el mundillo. ¿Es por carácter o no soporta a otros dibujantes?

–Carácter, siempre he ido a mi aire, no entro en una cadena de favores. Si me tuviera que estereotipar en un personaje de ficción, sería un cruce entre el Quijote y Serpico, por ejemplo. Mi plato de comida me lo pago yo, no quiero que me lo regalen.

–Un personaje de su cómic parece inspirado en José María del Nido. ¿La ficción no escapa a la realidad?

–Es una mezcla entre Del Nido y Aleister Crowley, el famoso satanista de los 60. La realidad y la ficción se retroalimentan, es imposible escapar de ese bucle.

–En sus obras aparecen las tradiciones más arraigadas, flamenco, toros o Semana Santa, pero desde un planteamiento revisionista.

–¿Por qué los americanos, con una cultura tan reciente, sacan tanta chicha y a nosotros, con una historia ancestral, sólo nos da para parodia o sátira? Las ficciones de aquí, salvo Alberto Rodríguez, son paródicas o satíricas. Me tomo en serio nuestro acervo y raíz culturales. Cuento sin complejos una historia del lumpen sevillano tipo Malas calles, como Scorsese en los 70, pero en un barrio de San Juan. ¿Por qué tengo que pedir perdón por nuestros folclore y manera de ser?

–¿Qué político sería un buen Joker?

–Estos políticos no dan para un drama sórdido tipo Joker ni para una trama con empaque, más bien para ¿Teléfono rojo?, la peli de Stanley Kubrick con Peter Sellers.

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