'Todo en vano' | Crítica El trauma alemán

  • En 'Todo en vano', que aparece en España de la mano de Libros del Asteroide, Walter Kempowski retrata el silencio y la perplejidad del pueblo germano en la caída del Tercer Reich

Prisioneros alemanes en Könisberg, abril 1945. Prisioneros alemanes en Könisberg, abril 1945.

Prisioneros alemanes en Könisberg, abril 1945.

En esta misma editorial, Libros del Asteroide, se publicó anteriormente otra novela sobre la debacle alemana, que se precipita de enero a mayo de 1945. En Morir en primavera, de Ralph Rothmann, se nos hacía ver la peripecia de dos muchachos alemanes, quienes, a su pesar, son llamados a filas cuando el III Reich agoniza.

El de estos muchachos iba a ser uno de los muchos relatos que debían ser olvidados para lo venidero. Y es justo aquí donde, como prueba esta novela, irá emergiendo el silencio individual –y luego colectivo– en el que caerá el país vencido. Será como una forma de sobrellevar la inculpación. La cita de W. G. Sebald se nos antoja demoledora: "La capacidad del ser humano para olvidar lo que no quiere saber, para no ver lo que tiene delante, pocas veces se ha puesto a prueba mejor que en Alemania en aquella época".

Todo en vano, de Walter Kempowski (1929-2017), es el relato de la ceguera de los alemanes en la hora final. Enseña su complicidad y en parte su fanatismo, pero también –y he aquí lo más interesante– su propio sufrimiento como pueblo, en concreto el de los alemanes de Prusia oriental, ante el aterrador empuje del Ejército Rojo. Nos situamos en Mitkau, un punto no lejano de la ciudad portuaria de Konisberg, hoy Kaliningrado, la otrora cuna de Immanuel Kant. Todo discurre en un aristocrático caserón, venido a menos como la familia que la ocupa, los Von Globig, herencia decadente de los junkers, los influyentes halcones prusianos.

La villa de Georgenhof se convertirá en una especie de caravasar para gente pintoresca, que viene de alguna parte y va a no se sabe donde. Todos tienen la suerte de ser acogidos por la inapetente Katharina, la señora Von Globig (su marido Ederhard se halla destinado en una indefinida misión en Italia). Una tía lejana y el pequeño Peter, hijo de Katharina, conforman el núcleo familiar de los Globig. Trabajan en Georgenhof dos criadas ucranianas y un huraño peón polaco.

Todos parecen olvidar lo que no quieren saber, se empeñan en no querer ver lo que tienen delante

La invasión de los rusos se otea por el horizonte, a medida que las explosiones se escuchan cerca de Mitkau. La nieve, la mullida nieve del entorno, cubre una inconcreta sensación de espera y marca las huellas de todo aquel que merodea por los alrededores de Georgenhof. Hallan acogida aquí una violinista nazi, un judío prófugo, un noble báltico y su sufrida esposa, un pianista tullido, un economista obsesionado por los sellos o, entre otros personajes, el doctor Wagner, mentor del pequeño Peter. El jefe local del partido, Drygalski, va y viene continuamente para husmear y saber qué se cuece en el lugar.

Walter Kempowski (Rostock, 1929 - 2007). Walter Kempowski (Rostock, 1929 - 2007).

Walter Kempowski (Rostock, 1929 - 2007).

En realidad, Georgenhof es sólo un relicario del pasado de no ser por los saludos a la hitleriana que se prodigan los visitantes: Heil Hitler! Y son las paredes de este enorme cascarón de campo las que parecen dar cobijo a la señalada cita de W. G. Sebald. Todos parecen olvidar lo que no quieren saber. Todos se empeñan en no querer ver lo que tienen delante. La ofensiva rusa propiciará el caos y la suerte particular de cada cual. La novela relata la catástrofe de la desbandada alemana mientras todo parece envuelto en una especie de irrealidad, de paródica suspensión. Las caravanas de refugiados que huyen calamitosamente al oeste van dejando atrás sus muertos por hambre o por los bombardeos de los aviones enemigos. La fatalidad la observa el lector a través de la mirada del pequeño Peter, desde donde todo se contempla con inocencia y hasta con aventurero asombro, pero sin un declarado espanto.

El contexto histórico de Todo en vano se inscribe en la ofensiva del Ejército Rojo sobre Prusia oriental, camino de Berlín. Será el inicio de lo que algunos historiadores han llamado el genocidio prusiano. Desde finales de 1944 la venganza soviética dejará su secuela de matanzas, violaciones y atrocidades (Gumbinen, Nemmenrsdorf, Metgethen, Neutief). Tras el inmediato armisticio, y años después del fin de la contienda, millones de alemanes étnicos (especialmente en zonas de Polonia), se verán obligados a huir al oeste a través de deportaciones salvajes y otras más civilizadas. Se estima en 30.000 los muertos alemanes durante las caminatas hacia el oeste. La vieja Prusia, elenco en parte de la germanidad, desaparecerá geográficamente del mapa de Europa.

Alemania, año cero de Rossellini mostrará la difícil desnazificación en clave de neorrealismo. Los escombros de Berlín insinúan aquí la parábola de la culpa. Pero hay también bajo la vasta escombrera una voluntad de silencio. Todo silencio no deja de ser elocuente. Aunque a Walter Kempowski se le conoce más por esta novela, también es autor de una serie de crónicas noveladas (Deutsche Chronik) y de otra monumental obra compiladora de testimonios orales y escritos de alemanes sobre la Segunda Guerra Mundial (Das Echolot). Justo este mes se cumplen 75 años de su fin.

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