Pauline Kael: el arte de la crítica | Estreno en Movistar+ Cuando la crítica de cine importaba

La influyente y controvertida crítica cinematográfica Pauline Kael (1919-2001). La influyente y controvertida crítica cinematográfica Pauline Kael (1919-2001).

La influyente y controvertida crítica cinematográfica Pauline Kael (1919-2001).

No son muchos los críticos de cine que han alcanzado un estatus suficiente para trascender el oficio, el ámbito de la cinefilia o protagonizar un documental. Menos aún si se trata de mujeres, de las que Pauline Kael (1919-2001), protagonista de este documental que puede verse en TCM de Movistar+, ha sido la abanderada y la firma más notoria de siglo XX fruto de no pocas controversias al hilo de sus severas sentencias contra algunas vacas sagradas del cine clásico y moderno, de las que se recuerdan especialmente aquellas en las que desacreditaba al mismísimo Orson Welles de la autoría de Ciudadano Kane, por entonces en la cumbre del canon mundial, o el rapapolvo contra la versión americana de la teoría de autor de Andrew Sarris.

Puede que Kael se estuviera cobrando desde su rincón de la crítica una particular batalla de género contra el estatu quo masculino de la industria y la profesión, como si hubiera tenido que hacer un ejercicio suplementario de sinceridad, personalidad y valentía para, a través de su prosa libre, afilada e incluso procaz, atizar desde abajo, dando puntapiés en los tobillos a todos esos cineastas y títulos (sobrevalorados) de los que nadie se atrevió a hablar con la claridad y la rotundidad con la que ella lo hizo en las páginas de The New Yorker y otras publicaciones (McCall, Harper’s, The New Republic) para las que trabajó a lo largo de los años hasta su retirada en 1991.

Este documental recorre su trayectoria profesional y revela algunos apuntes personales a una justa distancia de sus luces y sus sombras, sus estudios de filosofía, su pasión por la literatura y su paso por Berkeley, unos inicios difíciles en el periodismo cinematográfico, su tesón por alcanzar unas condiciones dignas de trabajo y reconocimiento y, por supuesto, su definitivo encumbramiento como una de las firmas críticas de referencia (para bien o para mal) en torno a aquel cine moderno de los años sesenta y ese New American Cinema de los setenta cuyas audacias, virtudes y fraudes ella detectó, entendió y propulsó como pocos colegas de su época.

También sus sólidas y bien argumentadas opiniones a contracorriente sobre mitos como Chaplin, Resnais, Antonioni, Lean, Kubrick, Eastwood y Allen o películas-monumento como Shoah, su defensa del cine popular de consumo (Trash, art and the movies), su pasión (inconstante) por Penn, Peckinpah, Altman, Scorsese o De Palma, su particular magisterio en una escuela paulinista de la que fueron discípulos críticos-cineastas como Paul Schrader, sus pulsos contra la industria y sus publicistas o sus pinitos como asesora y guionista de Warren Beatty en una fallida aventura en Hollywood.

Kael supo construir conscientemente esa figura polarizadora del crítico de cine en una época en la que el oficio aún se defendía con la pluma, la personalidad, la palabra y los argumentos, una época ciertamente gloriosa para el periodismo cinematográfico antes del desembarco de Internet y la dispersión definitiva de todo canon y sus guías de interpretación. Crítica de raza y arrojo en un mundo de hombres, Kael pervivirá gracias a sus libros (I lost it at the movies, 5001 Nights at the Movies, Movie love) y a sus textos, que siguen revelando aún hoy una mirada y una voz auténticas, libres y no contaminadas por las tendencias, las inercias y las modas.