Jornada de Puertas Abiertas del Muelle de las Carabelas Huelva consolida su historia

  • Miles de onubenses disfrutan el fin de semana de las jornadas de puertas abiertas del Muelle de las Carabelas

  • Numerosas actividades marcan una convivencia familiar

Varias familias disfrutan en el interior de la ‘Santa María’ en la jornada de puertas abiertas del Muelle de las Carabelas, ayer.

Varias familias disfrutan en el interior de la ‘Santa María’ en la jornada de puertas abiertas del Muelle de las Carabelas, ayer. / Alberto Domínguez

A lo mejor no es porque se haya remozado este año cada uno de los navíos que anclan su historia en ese agua paciente y serena. A lo mejor no es porque el brillo de la madera de ese escenario con colores del Nuevo Mundo luzca con galones de aniversario. A lo mejor, simplemente, la estampa es tan auténtica porque cuando brota del calendario un nuevo Día de la Hispanidad, el Muelle de las Carabelas se hace más onubense que nunca. Las jornadas de puertas abiertas del pasado fin de semana en este enclave colombino escriben un turismo de orgullo por redescubrir la historia que ondea la bandera azul y blanca en los libros de medio mundo. Son días de los de aquí. De la esquina del sur de occidental. Dos jornadas para recorrer en familia, una vez más – “y las que hagan falta”, decía un onubense–, tres embarcaciones que se consolidan como una de las señas de identidad de la provincia de la luz y del mar.

En verano cruzan las puertas del Descubrimiento entre 800 y 1.000 personas diarias. La mayoría son visitantes que buscan conocer con sus propios ojos un atisbo de lo que ocurrió hace ya más de 525 años. En cambio, este pasado fin de semana, son en su mayoría onubenses los que desembarcan en el Muelle para ver la historia de su ciudad desde una perspectiva diferente. Una manera de adquirir conocimientos con el paso de los años y “saber disfrutar” del espacio “de otra manera”, según explicó a este periódico el director del enclave, Agustín Medina.

“Estamos en el mundo de la tecnología, pero montarse en el barco es una experiencia única”, como la de tocar la madera. Transportarse en un pasado alejado de la absoluta innovación. Allí los móviles sólo tienen el encargo de grabar un recuerdo que se agranda con el tiempo.

Un niño aprende los entresijos de la alfarería. Un niño aprende los entresijos de la alfarería.

Un niño aprende los entresijos de la alfarería. / Alberto Domínguez

“Mira Dani, se puede bajar”, apuntaba una madre a su pequeño que parecía descubrir por primera vez lo que es subirse a una embarcación. De ahí a la Niña y después a la Santa María. Arriba y abajo. De proa a popa 25 años después. Un cuarto de siglo en el que más de 4.300.000 personas han visitado unas de las joyas de la corona onubense. Y además, numerosas actividades engrosaron este fin de semana el espacio. El Día de la Hispanidad se inundó de familias entre el Muelle de las Carabelas, el Foro Iberoamericano y el Parque Botánico José Celestino Mutis.

Ayer, el taller de alfarería se encargó de destapar la curiosidad de pequeños aventureros, así como en el taller de instrumentos musicales fabricaron y se llevaron como recuerdo el sonido de los pájaros tras aprender a construir una pequeña herramienta musical. Los quesos de la provincia, los vinos del Condado, conformaron también una parte del escaparate gastronómico que se abrió de par en par ante los onubenses y visitantes. Se sumó también un mercado solidario con la presencia de Intermon Oxfam y Amigos del Pueblo Saharaui de Huelva. El 25 aniversario del Muelle de las Carabelas se abrió con una gran tarta de celebración hace unos meses. El colofón de este fin de semana ha sido por todo lo alto. Sin techo de crecimiento se esperan otros 25 años para la historia.

Varias personas compran productos de la gastronomía onubense. Varias personas compran productos de la gastronomía onubense.

Varias personas compran productos de la gastronomía onubense. / Alberto Domínguez

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