El Cautivo que presa a un barrio entero y sueña cada Lunes Santo

El cristo de la Hermandad del Cautivo / Alberto Dominguez

La Hispanidad es uno de esos barrios hechos a sí mismos. Levantados a base de esfuerzo, sacrificio y constancia, con la identidad de quienes construyen su casa, su calle y su vida desde abajo. Un barrio que no nació terminado, sino que se fue haciendo poco a poco, con el pulso diario de sus vecinos. Y en ese proceso de construcción colectiva, la Hermandad del Cautivo ocupa un lugar central, casi fundacional, como uno de los grandes puntos de encuentro del barrio.

Hace más de cuarenta años, cuando La Hispanidad aún estaba definiendo su fisonomía, un grupo de vecinos decidió que la fe también debía tener un espacio propio. No había grandes recursos ni estructuras consolidadas, pero sí una voluntad clara: levantar una hermandad que fuera del barrio y para el barrio. Y lo hicieron de la manera más literal posible. Con sus propias manos, los fines de semana, fueron levantando una capilla que hoy no presume de lujo, pero sí de autenticidad.

La Plaza de la Misericordia es un lugar donde el recogimiento pesa más que la grandilocuencia, donde no hacen falta excesos para entender la devoción. Allí, cada día, vecinos que salen a hacer la compra, que llevan a los niños al colegio o que regresan del trabajo se detienen unos minutos. Entrar, saludar, rezar y seguir. Así, de manera sencilla, la Hermandad se integra en la vida cotidiana.

El hermano mayor del Cautivo, Antonino Gómez, junto con Nuestra Señora de la Misericordia / Josué Correa

Al frente de esta corporación se encuentra hoy Antonino Gómez, un hermano mayor que no alcanza todavía los treinta años. Juventud y responsabilidad conviven en una hermandad que, lejos de vivir la edad como un obstáculo, la entiende como una oportunidad para aportar energía, transparencia y nuevas formas de gestión, sin romper con la esencia heredada.

“La Hermandad vertebra el barrio”, explica. Y no es una frase hecha. En el Cautivo conviven generaciones enteras: abuelos, padres, hijos y nietos. La cofradía actúa como un hilo conductor familiar, como un punto de encuentro que mantiene viva la memoria del barrio y refuerza su identidad.

La historia de la Hermandad del Cautivo comienza oficialmente en 1981, en pleno auge del movimiento vecinal y asociativo. Su germen fue una Cruz de Mayo, una de esas expresiones populares que, en los años ochenta, servían de punto de reunión y de convivencia. Aquella semilla dio lugar a una hermandad de gloria bajo la advocación del Resucitado y Nuestra Señora de la Alegría.

Via Crucis del Cautivo, la semana pasada. / Josué Correa

Sin embargo, pronto surgieron las dificultades. Fue entonces cuando, en 1984, la corporación decidió dar un giro decisivo. Cambiaron los titulares y se convirtieron en hermandad penitencial. Curiosamente, como ya había ocurrido en la etapa anterior, fue la Virgen la que llegó primero. Nuestra Señora de la Misericordia se incorporó en 1984, y un año después lo hizo el Señor del Cautivo. En 1986, la hermandad realizó su primera estación de penitencia, dando forma definitiva a la identidad que hoy conocemos.

Ese mismo año 1984 se levantó también la capilla. Un templo construido por los propios vecinos, que quedaban los fines de semana para levantar paredes, colocar techos y dar forma a un espacio que hoy sigue siendo uno de los grandes orgullos del barrio. La capilla nunca ha sido un lugar cerrado. Todo lo contrario. Permanece abierta todos los días y funciona como un auténtico corazón espiritual de La Hispanidad.

El presente de la hermandad es especialmente intenso. En 2025, el Santo Cristo del Cautivo regresó a su capilla tras una profunda intervención realizada por Enrique Gutiérrez Carrasquilla. Ocho meses de restauración que abordaron problemas de estabilidad, limpieza y conservación, devolviendo a la imagen la serenidad y firmeza que requería. El reencuentro con el barrio fue vivido con una emoción contenida, silenciosa, de esas que no necesitan grandes gestos para ser profundas.

A la par, la Hermandad trabaja con la vista puesta en el futuro. Uno de los grandes proyectos es la renovación del palio de la Virgen de la Misericordia. El diseño, aprobado en 2020, plantea un palio bicolor, bordado en plata y oro, que se ejecuta ya bajo la dirección de Dolores Fernández. Las primeras piezas verán la luz entre 2027 y 2028, con la mirada claramente fijada en 2031, cuando la hermandad celebrará su cincuentenario.

También la capilla será objeto de una reforma profunda. Tras la Semana Santa, las imágenes se trasladarán temporalmente a la parroquia mientras se acometen trabajos estructurales: suelo, techo, paredes y ventanas. No se trata de cambiar su esencia, sino de asegurar su conservación para las próximas décadas, respetando el espíritu con el que fue levantada.

Pero si hay un ámbito donde el Cautivo se reconoce especialmente es en el social. A través de Cáritas parroquial, la hermandad atiende durante todo el año a familias en situación de vulnerabilidad. Reparto de alimentos, productos de higiene, pago de suministros, ayudas para hipotecas e incluso servicios funerarios forman parte de una labor callada y constante. Una caridad discreta, ejercida sin focos, que responde a necesidades reales.

Además, la Hermandad mantiene desde hace casi una década las becas “Jesús Cautivo”, en colaboración con el colegio Hispanidad y el colegio Salesiano. Estas ayudas permiten a familias con dificultades afrontar gastos escolares, material, uniformes o excursiones.

La juventud del hermano mayor ha traído consigo una forma de gestión basada en la transparencia, la comunicación y la cercanía. Web, redes sociales y nuevos canales conviven con una manera de hacer hermandad profundamente tradicional, donde lo importante sigue siendo estar, acompañar y sostener.

El Cautivo no es solo una cofradía que se pone en la calle cada Lunes Santo. Es una presencia constante durante los 364 días restantes del año. Un refugio, un punto de encuentro y un símbolo de identidad para un barrio que se reconoce en su Hermandad. Porque en La Hispanidad, la fe no se contempla desde lejos: se construye, se cuida y se vive, como todo lo importante, desde dentro.

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