Manuel Barrero Galán: hombre de gran valía y muy emprendedor
En una ocasión encabezó una lista electoral para las elecciones municipales y salió elegido concejal
Muchos cafés me tomé con él en la terraza de la calle Ancha del conocido bar “Trasplante”, sobre todo en las tardes de verano, donde teníamos grandes charlas de lo que ocurría en el mundo, porque Manolo era un erudito personaje de Punta Umbría.
Hicimos amistad tan pronto como llegué al ayuntamiento, porque él tenía varios negocios y algunos tenían relación con mi puesto de trabajo. Por ejemplo, una fábrica de baldosas hidráulicas a la que yo le compraba para construir las aceras. Pero no era a eso solo a lo que se dedicaba. También en otra época tuvo una granja de pollos, muy cerca del paraje conocido como “La Bota”.
Manolo era extremeño, nació en 1934 en el bonito pueblo de Llerena, donde pasó su infancia y donde vivió el célebre pintor barroco Francisco de Zurbarán, que había nacido en el municipio vecino de Fuente de Cantos. Hasta el año 1952 no llegó a Punta Umbría, donde comenzó su etapa como hombre emprendedor, creando, junto a sus hermanos José y Antonia, una empresa de suministros navales y venta de motores marinos, tan necesarios en aquellos momentos donde la pesca era fundamental en la población y transformando las embarcaciones de vela a motor, favoreciendo así el desarrollo de la industria pesquera local, que llegó a ser pionera en nuestra provincia.
Conoció a su esposa Manuela Morano Toscano en Punta Umbría, ya que ella veraneaba aquí junto a sus hermanos. Hay que decir que en aquellos tiempos venían a pasar la temporada estival a esta playa maravillosa mucha gente de Badajoz y de su provincia, que se construían sus casas veraniegas aquí, muchas de las cuales aún existen hoy. Yo recuerdo que, de pequeño, mis padres alquilaban en el Cerrito un “chalecito” a una familia pacense. Eran unos años preciosos donde yo me ponía el bañador en el mes de julio y no me lo quitaba hasta la vuelta al colegio, en septiembre; y, además, siempre estaba descalzo. Hoy ya, con el progreso, casi no quedan calles de arena y eso es impensable.
Del matrimonio de Manolo Barrero y Manuela Morano nacieron cuatro hijos. Manoli, la mayor y única mujer, a la que conozco desde pequeña, vive en Moguer y nos vemos a menudo y charlamos de muchas cosas, entre ellas sobre su padre, que siempre estaba ideando nuevos proyectos porque era un gran trabajador. Otro de los hijos, con quien también tengo relación, es con Abel, a quien veo mucho por Punta Umbría. Gerardo y Manuel Jesús, que es el pequeño, son los dos que veo menos.
En una ocasión encabezó una lista electoral para las elecciones municipales y salió elegido concejal de nuestro ayuntamiento. A partir de ahí tuve ocasión para trabajar con él y recuerdo muchas de sus propuestas y mociones al pleno, siempre muy coherentes y beneficiosas para el pueblo. Recuerdo una con mucha admiración y alegría, que fue la propuesta para traer a Punta Umbría un instituto, ya que los niños, al terminar en los colegios, tenían que ponerse a trabajar o, si sus padres tenían posibilidades, tenían que ir a Huelva para seguir sus estudios. La llegada del instituto fue todo un triunfo para el pueblo y para la corporación municipal que encabezaba su alcalde Cayetano Hernández del Campo. Pero que conste, que la moción fue de Manuel Barrero Galán. Hoy tenemos dos institutos, el denominado Saltés, en honor a la célebre isla cercana; y el llamado Bitácora, nombre muy bien elegido porque quiere decir, en términos marineros, cuaderno en el que se apuntan el rumbo y la velocidad de la navegación, lo que supone, en la vida de los niños, dirigir su trayectoria.
Y por último, para terminar esta breve semblanza sobre el amigo Manolo, decir que al instalarse en Punta Umbría, la entidad bancaria Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Ronda, que más tarde, tras unirse con otras cajas, pasó a denominarse “Unicaja”, lo nombró director de la oficina local, donde realizó una muy buena labor, tanto para la propia entidad como para los clientes, que lo recuerdan con aprecio.
Y con aprecio y admiración debe ser recordado en todo el pueblo por la gran labor que hizo como concejal y, especialmente, los niños, que tienen gracias a él un futuro más prometedor.
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