Al Portugal de Salazar le llamaban el país de las Tres Efes: “Fátima, Fado y Fútbol”. Y eso que al dictador, aunque fue seminarista, la religiosidad popular le resultaba ajena a su carácter, desdeñaba la melancolía del fado y el fútbol le parecía grosero y aburrido. Pero las Tres Efes narcotizaron a la sociedad durante medio siglo, hasta que un día de abril los claveles de Celeste Martins acabaron en los fusiles de los soldados que al mando del capitán Salgueiro Maia rindieron al salazarismo en el Cuartel do Carmo.
Medio siglo después, Portugal debe elegir entre el socialista Antonio José Seguro, hijo de la Revolución de los Claveles que devolvió la democracia al país y André Ventura, defensor del salazarismo y líder de la derecha alternativa. Esa suma de nacionalismo añejo, proteccionismo, antiliberalismo, odio al mercado, rechazo de la democracia y beaterío rancio. Chega, como sus socios europeos, actúa de coche escoba para todos los enojados de Occidente que se sienten perjudicados al no cumplir sus propias expectativas, buscan chivos expiatorios y obvian las propias responsabilidades. Así es fácil convencerse de que se requiere un cirujano de hierro. Las democracias sufren desde hace decenios el ataque de nuevos y sofisticados totalitarismos a izquierda y derecha. Unos y otros sólo desean derribar el entorno de convivencia democrática e imponer su modelo de sociedad y país. Igual que hace un siglo fascistas y antifascistas sólo eran los autoritarios de cada fondo, hoy, los antiwokes son, tan sólo, los wokes de enfrente.
Portugal va a elegir hoy, como ha señalado el ex líder del CDS Paulo Portas, tras apoyar al candidato socialista, no entre derecha e izquierda, sino entre un político que, en la izquierda, es el más cercano al centro, y otro de extrema derecha que lo único que hace es dividir, enfrentar, trocear a la nación en tribus, razas, etnias o religiones; justo lo opuesto a la función presidencial. Es destacable que los tres candidatos del centroderecha han mostrado, con mayor o menor ímpetu, su apoyo a Seguro. Marques Mendes, del gobernante PSD, declaró que entre ambos candidatos es quien más se acerca a los valores que él mismo defiende. Para el liberal Cotrim de Figueiredo, la segunda vuelta es terrible pues es entre quien quiere un Portugal estancado y quien quiere que retroceda, por lo que, afirmó, no votaré por Ventura. El Almirante Gouveia e Melo fue el más contundente al señalar que había que elegir entre votar por la decencia o por el populismo y la demagogia.
Y junto a ellos, cientos de personalidades declaradas no socialistas han firmado una carta expresando su apoyo a Seguro y oponiéndose a quien consideran no apto para ocupar la presidencia por su fondo y formas, la manifiesta falta de sentido de Estado y el divisionismo que anuncia al afirmar sin tapujos que no pretende ser el presidente de todos los portugueses. Amén de haber propuesto medidas inconstitucionales, discriminatorias y ofensivas para la dignidad humana, como confinamientos étnicos, sanciones penales degradantes, la vuelta de la pena de muerte, la prohibición de criticar a los jueces, la estigmatización de los inmigrantes, su enfoque drástico en seguridad, la continuación de la guerra cultural a la inversa, la vieja tentación de la censura y el alineamiento con autócratas y gobiernos autoritarios. Algo incomprensible en la tradición democrática portuguesa.
Pero sin duda, los apoyos más significativos son los de los dos ex presidentes vivos. El general Ramalho Eanes, que paró el golpe comunista de 1975, dejó claro que Seguro es un portugués con el que se identifica en términos de pensamiento democrático. Y junto a él, el gran líder histórico del centroderecha, Anibal Cavaco Silva, heredero de Sa Carneiro de quien fue ministro, elogió las cualidades de Seguro para Belém. Parece claro que la derecha democrática portuguesa va a anteponer el sentido democrático al cortoplacismo, y facilitará el triunfo claro y solvente de un demócrata como Antonio José Seguro sobre la extrema derecha nacionalista e iliberal.