Postdata
Rafael Padilla
Todo se puede decir
Me declaro barman, de la cara gozosa del bar (voz inglesa que significa “establecimiento donde se come y bebe de pie en la barra”). Cliente hormiguita, y chicharra cuando encarta. Leal a las barras; ingrávidas o bulliciosas. Con mostradores con pocos taburetes. En las que uno puede disfrutar a solas, en familia, con amigos y amigos camareros, con desconocidos. Soy barman, que lo sepa mi seguro médico. De buen café, de cerveza fría sin más, de tapas pequeñas, de lectores. Hoy –quedará hora y media para el amanecer–, de capricho de churros.
Recojo mi diario del zaguán, y busco un nuevo destino para desayunar, uno con barra. Ha cerrado el bar que me ha sido habitual desde que nací en este barrio, otrora autosuficiente y familiar. Se ha mudado a la memoria la Cafetería Jamaica, cuya barra en 90º tenía un lado de 15 metros, que fue madera, aluminio, mármol y reposapiés; el otro, de un metro y medio, que yo sentía mío. Una terraza sin par. Con nombre caribeño en Andalucía: algunos caballerosos piratas se reunían allí, sin irse notando el hacerse mayores; muchas mujeres, no pocas de ellas viudas o madres de los colegios, profes, tempraneros castellanos de la botella de villancico, encontradizos de Tinder, béticos con estadio.
Por Escarlata O’Hara juro que seré objetor de todo bar que no tenga barra, y enemigo silencioso de aquellos que las han castrado con mesas altas, una aberración que me hizo estar largo tiempo en Cádiz sin conocer un establecimiento muy alabado, al que la pandemia y el turismo enseñaron sus huevos de oropel: de ahí la afrenta a la infantería transeúnte. Una mesa en barra, ni es mesa ni es barra. En Cádiz conocí tres barras predilectas, en las que me llamaban por mi nombre. Dos en la calle Veedor. Entrando desde San Antonio, las Niñas de la Parra a la izquierda, El Veedor a la derecha (izquierda y derecha... aunque se entre desde El Mentidero). Otra de bandera, la del Mesón Cumbres Mayores, nombre tan disonante con las cercanas Alameda y la Caleta como el de Jamaica con el final de La Palmera. No he cabido en mí de alivio al saber que el nuevo hostelero es paisano, y no franquicia que recuerde a Villar del Río y Mr. Marshall, falsa Andalucía para guiris que recibimos con alegría (trompetilla). En su nombre, presume de “barra” y de “bar”. Sea bienvenido.
Dios aprieta, pero no ahoga.
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