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Torra y la trampa del 'diálogo'

Acierta Sánchez al recalcarle a Torra que sólo puede haber diálogo desde el más estricto respeto a la ley

El presidente de la Generalitat, Quim Torra, volvió ayer a demostrar que vive inmerso en un mundo de fantasía y apriorismos ideológicos que absolutamente nada tiene que ver con la realidad. Pese a que ya es evidente que el procés ha naufragado, que sus líderes políticos están encarcelados e inhabilitados y sus facciones enfrentadas en una guerra soterrada que tarde o temprano estallará, él sigue insistiendo en tener una reunión con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, para hablar de una autodeterminación que sabe positivamente que no tiene cabida en la Constitución española. Es más, Torra se empeña en obviar la deriva violenta que está teniendo el procés -sin obviar los cientos de miles de catalanes que el viernes se manifestaron- y no termina de condenar unos altercados muy graves que han convertido a Barcelona en un campo de batalla y están arruinando su imagen en el mundo. La sociedad catalana se encuentra más fracturada que nunca y Torra sigue callando que más de la mitad de los ciudadanos no comparten sus objetivos de ruptura de España.

Por todo ello, acierta el presidente del Gobierno al rechazar la oferta de Torra de "diálogo", una palabra que en este caso concreto está vaciada de todo significado y que es más bien una infantil trampa conceptual con la que Torra quiere recuperar la iniciativa política. Como le recordó ayer Sánchez, en la democracia española se puede hablar de todo, pero siempre desde el más escrupuloso respeto a la ley. Una vez que esta condición se cumpla será el momento de hablar de cómo se arregla la enorme fractura social que el procés ha provocado en Cataluña.

Torra y los independentistas (sean violentos o no) deben saber que el Estado tiene fuerzas y medios para aguantar este pulso que le están echando algunas instituciones catalanas y los radicales callejeros. Seguir esta senda de contumacia y violencia sólo servirá para dañar aún más a la sociedad catalana.

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