La colmena
Magdalena Trillo
Socialistas de Vox
Un viejo principio marxista, luego adoptado por las democracias occidentales, es aquel que exige “de cada uno, según sus capacidades” para subvenir “a cada uno, según sus necesidades”. Este principio, en el que se inspira, sustancialmente, el Estado social y democrático de derecho, es aquel que recoge nuestra Constitución, por ejemplo, en sus artículos 31 y 138, donde se habla de la proporcionalidad y progresividad de las contribuciones individuales, y de la prohibición de privilegios entre comunidades. El principio de ordinalidad, exigido por el señor Illa y aceptado por la señora Montero, opera justo en la dirección contraria, dado que ignora el principio de solidaridad entre regiones, en pos de otro principio de muy diversa índole, pero de muy fácil resumen: “Lo mío pa mi y el resto ya veremos”.
El difunto señor Lambán advertía en agosto pasado tanto del sacrificio de la estructura regional y local del PSOE, como de la mutación constitucional, auspiciada por el Gobierno de la nación, que nos dirigía a un Estado confederal con dos regiones privilegiadas: País Vasco y Cataluña. El manifiesto Socialdemocracia 21, promovido por miembros críticos de PSOE, insiste en esta misma cuestión –la “dictadura de las minorías”– al recomendar un modelo de Estado que implique una mayor “capacidad redistributiva”. Todo lo cual queda dicho, como se observa con facilidad, desde el propio partido en el Gobierno, sin necesidad de que la fachosfera, la ultraderecha, etc., vengan a señalar una evidencia ya del todo evidente: el PSOE, orgánicamente, parece una mera extensión del PSC del señor Illa; mientras que exteriormente lo es de las plurales fuerzas xenófobas que lo tutelan y que hoy acucian al Ejecutivo. El último, el siempre desinteresado PNV, por boca de don Aitor Esteban.
La señora Montero conminaba a los disconformes a pedir perdón por sus críticas a la futura política territorial exigida por el señor Junqueras y el señor Illa, y aceptada por el Gobierno de la nación. No parece, sin embargo, que este sea el caso. Al margen de la propina con la que se quiere tentar a los andaluces, el hecho manifiesto es un paulatino establecimiento de aquello que Lambán temía y que, socialistas mediante, convertirá a España en un Estado más desigual, en beneficio, oh maravilla, oh dulce y confortador progreso, de las regiones más prósperas.
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