Las útiles propiedades de una caja de cartón

"Supongo que es por eso, porque no se les ve, por lo que siguen esperando un albergue que no llega nunca"

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- / MG

04 de marzo 2026 - 03:09

Llegan al caer la tarde, a esa hora justa del día en la que al sol se le empiezan a notar las ganas de irse, a la noche le entran las prisas por llegar y todo va muy rápido. Los dos se sientan en el suelo y se echan una raída manta sobre las piernas. Se colocan el uno al lado del otro y después, sin media palabra, distribuyen frente a sí algunos restos de comida de escasa contundencia: un par de paquetes de patatas, una bandeja de comida precocinada y alguna fruta para compartir. El más joven las va colocando mientras el mayor saca una vieja radio de su maleta. La enciende con cuidado, girando despacio la rueda, clic, hasta que en el pasaje empiezan a hacerse notar los chasquidos de una emisora mal sintonizada. Apenas necesita mover un poco el dial para dejar Kiss FM en perfecta afinación. Ajusta el volumen para no molestar más de la cuenta y empiezan a comer.

Me gusta pensar que lo que hacen ahí sentados es tomar un piscolabis después de una larga jornada de trabajo y que luego, en casa, cenan de verdad, pero sé que no es así. En cuanto se les acaben las patatas apagarán la radio y se tumbarán allí mismo, en el suelo, espalda contra espalda, con la manta hasta los hombros y unos cuantos cartones echados por encima, a esperar en silencio a que pase la noche. He estado leyendo, ¿saben?, y es verdad que el cartón quita el frío. Es prácticamente estanco al aire, así que cuando te tapas con ellos se detiene por completo el flujo de viento y puedes mantener mejor la temperatura. Además, aguanta la humedad mejor que cualquier tejido, lo que viene muy bien para las noches de relente, que aquí son muchas. Tan poca cosa parece y resulta que el cartón tiene unas propiedades sorprendentes. Pero yo creo que en realidad se lo echan encima para que no los veamos. Para desaparecer. Ellos no saben, claro, que tampoco importa mucho porque la verdad es que no los vemos ni a plena luz del día. Puede que olamos sus improvisados baños callejeros y escupamos dos o tres insultos malhumorados por su presencia, incluso que llamemos a la Policía para advertirles del ruido, de la basura, de una pelea… pero a ellos, lo que es verlos, no los vemos. Supongo que es por eso, porque no se les ve, por lo que siguen esperando un albergue que no llega, y que es por eso, por no verlos, por lo que nadie los quiere cerca, no sea que un día dejemos de mirarlos como si fueran cosas y descubramos que solo es gente normal a la que un día se les reviró la vida y les dio un guantazo de esos que da de vez en cuando. Un divorcio mal dado, un despido en el peor momento, un desahucio por impago, un vicio que se le fue de las manos... Gente como tú y como yo, que de repente se vio en la calle sin más abrigo que el cartón de un frigorífico y que ahora recibe, encima, el injusto castigo de nuestra más absoluta indiferencia.

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