¡No a la guerra!

04 de marzo 2026 - 03:09

Andamos viendo en directo otra guerra, una más. Por todas las ventanas digitales se cuelan misiles saliendo de inmensos buques para destrozar algún edificio en Irán, aviones de guerra cayendo tras ser alcanzados por algún proyectil, o edificios en cualquier sitio del golfo ardiendo ¡Un desastre! Y lo más grotesco, por cierto, es que todo está orquestado por un presunto genocida reclamado por la Corte Penal Internacional, Netanyahu, y por un paranoico condenado por 34 delitos en su país, Trump. Este terrorífico dúo ha matado a otro genocida, Al Jameneí, aunque eso no los exime de haber cometido un magnicidio, ilegal y de consecuencias impredecibles, éticamente detestable: destrucción y muerte, y una región incendiada. Los hechos incontrovertibles son que los intereses geoestratégicos y una locura genocida no vivida desde el nazismo, pueden llevarnos a la tercera guerra mundial ¿Estamos preparados?

Una de las respuestas más evidentes contra la guerra ha procedido del gobierno de España, negando el uso de las bases de Rota y Morón al ejército estadounidense para este conflicto. Los partidos de la derecha lo han tildado de actitud “kamikaze”, he de confesar que a mí me ha parecido valiente y necesario, en fin, vuelvo a preguntar, ¿estamos preparados para sufrir una guerra? El resto de países de la órbita europea oscilan entre la condena tibia y la retórica, que solo esconde una impotencia evidente, o la filiación inconsciente a la nueva deflagración del orden internacional. Cuanto más dure el enfrentamiento, más difícil será alinearse con la desescalada o la paz como vía de salida, y más rápidamente vamos a tener que preguntarnos: ¿estamos preparados para una guerra?

La respuesta a esa pregunta urge, porque ante una guerra debemos saber claramente lo que se puede perder, y lo que se puede sufrir. Quizás esa respuesta nos aclare lo importante que es declararse no partícipe, y entendamos que la sociedad civil ya está tardando en responder. Si permanecemos pasivos, la lógica de la guerra nos atravesará, se impondrá sin remedio. La calle nos espera nuevamente, para mostrar nuestra postura, nuestro decidido convencimiento de que NO QUEREMOS GUERRAS. Esto recuerda más que nunca a lo vivido en febrero de 2003, cuando miles de personas salimos a las calles para alzar la voz contra la invasión de Irak; recuperemos aquel espíritu antibelicista, el más sonoro de la historia de la humanidad.

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