Valores perdidos

07 de febrero 2026 - 03:07

Creo recordar que J.K. Rowling, afirmaba: “No podemos permitir que los máximos valores cedan ante los mínimos intereses”. Esta idea tiene plena vigencia, desgraciadamente, tras la trágica fatalidad ferroviaria de Adamuz.

Hemos visto cómo bajo la apariencia de “dar la cara” ante el drama, se deslizan argumentos, posiciones, lenguaje… confusos, digamos erróneos, buscando construir una posición supuestamente rigurosa, pero encubridora de una nefasta realidad evidenciadora de una incompetencia en la gestión rotunda generadora de responsabilidades políticas indiscutibles.

Las apariciones inmediatas tras los descarrilamientos y las intervenciones son un manual de justificaciones sobre lo no hecho preventivamente y que hubiera evitado el número de víctimas.

Las apelaciones a la “mala suerte”, hecho “extraño”… inversiones, no pretendían más que encubrir las derivas anómalas y de gestión de los responsables de las comunicaciones ferroviarias y que él como ministro del ramo es el máximo representante y vigilante de los citados valores que venían cediendo ante “intereses mínimos”, cualitativa que no cuantitativamente hablando.

Además de esta reflexión, nos encontramos con la faceta deshumanizada de quien solo pretende el Poder y no la obligación de gobernar y al que los fallecidos solo le parecen interesar para arrancar los nefastos aplausos de unos incondicionales adoctrinados en la radicalidad durante un mitin cuando presume de no actuar igual que otros en la manera de dar respuesta a una tragedia.

Está claro, él salió corriendo de Paiporta, ahora está desaparecido y en La Palma, aún esperan el cumplimiento de sus promesas, por citar algo y lo remata con un desconocimiento total y un “cambio de opinión”, entre la aconfesionalidad, el laicismo y su presencia en actos religiosos a los que sí asista.

Porque una cosa es que el Estado no se adscriba a ningún fenómeno religioso de la sociedad y otra no unirse estrictamente a ninguno, tal cual es el estado laico.

En definitiva, ni mala suerte, ni excusas, solo pérdida de valores.

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