Gafas de cerca
Tacho Rufino
Trump, con un par
Todos tenemos frases de cabecera. Las soltamos cada dos por tres, en la creencia de que decir la misma sentencia mil veces la convierte en veraz. Frase que los demás conocen de sobra, pero la indulgencia con un erre que erre fraterno es grande (y, sobre uno entregado cortito y al pie; y nunca uno narrativísimo, “dando la brasa”, excelente metáfora). Ego, peccator venialis, suelo largar que aprendo de los documentales de La 2. Aprendida tengo su utilidad para el cabezazo sofalero tras el almuerzo. Pero también simbolizan nuestra condición animal: en manada, como oso solitario, como depredador... o tierna presa.
Crece aquí en la periferia la admiración por Donald Trump. Por su franqueza, basada en parir ocurrencias y mensajes contradictorios, de un día para otro. “¡Qué gran sentido del humor!” (Faemino y Cansado). Y, declaran bravos y cobardes, por su carácter de macho alfa, y vamos al documental de la sabana o el océano. Trump no engaña, va por derecho y tiene un buen par, afirman con arrobo sus conversos; muchos, por un territorial temor al extranjero, que no distingue entre gráciles gacelas, focas viejas y bebé o ñus duros cual rodilla de ñu. El masca de Manhattan es héroe para estadounidenses lejanos a la Gran Manzana, y hagamos excepción del lobby judío en la masacre Palestina. Ostenta un patriotismo que hibrida el America First (“América lo primero y la primera”) con un Trump First.
Ser trumpista es moda del aficionado a epatar a cubierto. Y muscula a Vox, que encuentra petróleo demoscópico en el nuevo Don. Da igual que le importen tres billones de narices la Ley o que matonee a la prensa. Dan igual el quedo del tiro en la oreja o el asalto al Capitolio (2021). Que secuestre a un dictador por petróleo, del negro. ¡Me pido Groenlandia! Comandante en Jefe antieuropeo en la Neoguerra Fría USA-Rusia-China, el poder último de Donald Trump se basa en comandar la manada más temible del mundo. Lo dice clarinete. “Te devasto, capullo de alhelí”. Lee Marvin en Liberty Valance, y Dios salve a John Ford. En toda América y más allá. En los mismísimos Estados de la Unión, adonde manda al ejército a depredar latinos y negros, pasándose a la Policía competente por el forro de las impedimentas. Grande, mi león.
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