El pinsapar

Por tierras de España

Porque ese incendiario, antes, había raído los negros encinares y talado los robustos robledos de la sierra

Estuve muy cerca de un incendio estival. En Doniños, cerca de Ferrol. Fue pavoroso. Un verano de hace más de veinte años. El fuego del monte frente al lago y la playa duró un día y una noche. Un espectáculo aterrador. Inmóvil y en silencio contemplaba la impotencia de los bomberos. No paraba de arder el incendio que días después dijeron había sido provocado. En los labios tenía el primer verso de un poema terrible que escribió Antonio Machado en su Campos de Castilla (1912), el principio de su Por tierras de España: "El hombre de estos campos que incendia los pinares…" Me he visto estos días de nuevo en Doniños mirando todos los incendios de España. Además de la sequía, el calorón, la inflación, el nuevo virus y el antiguo y mortal anterior, la subida de todo, los tiempos que llegan… estos incendios. Casi todos de ese hombre del poema machadiano que incendia los pinares "y su despojo aguarda como botín de guerra". En poeta tan bondadoso y dulce, su Por tierras de España es uno de los alegatos del pesimismo de la Generación del 98 más inequívocamente expresados, y más amargos. Porque ese incendiario, antes, había raído los negros encinares y talado los robustos robledos de la sierra. Para ver a sus pobres hijos huyendo de sus lares, la tempestad llevarse los limos de la tierra "por los sagrados ríos hacia los anchos mares". Los hijos de "los rudos caminantes, pastores que conducen hordas de merinos" a Extremadura. El poeta esboza a ese hombre criminal de España como "pequeño, ágil, sufrido, los ojos de hombre astuto, hundidos, recelosos, movibles en el semblante enjuto. Abunda el hombre malo del campo y de la aldea / capaz de insanos vicios y crímenes bestiales, / que bajo el pardo sayo esconde un alma fea, / esclava de los siete pecados capitales". Es el español de ojos turbios de envidia o de tristeza que "guarda su presa y libra la que el vecino alcanza". Machado, tan profundamente español, no se arruga cuando define el "numen" de esos campos como sanguinario y fiero y contempla este trozo de planeta como el camino errante "de la sombra de Caín". Sí, hubo incendios en los primeros años del siglo XX, y también en el XIX, junto a todas las asonadas, guerras civiles, revueltas y crímenes. Hasta el punto y final de 1898, que da nombre a una generación de hombres y mujeres que se pararon a contemplar el declive y la decrepitud de una vieja nación histórica que se descosía y ardía por los cuatro costados. No sé si ahora vuelve ese hombre malo que esconde un alma fea…

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