Crónicas Levantistas

Juan Manuel Marqués Perales

jmmarques@diariodecadiz.com

El susanismo ha arriado la bandera

Juan Espadas ha concluido lo que el PSOE debió acometer hace dos años, pero es mejor así, se ha ganado el liderazgo

La sede del Parlamento andaluz es uno de los edificios mejor conservados de Sevilla. Limpio y cuidado, cada vez que llueve, la pantalla de los teléfonos internos te avisa de que hay riesgo de resbalón en sus blancos pasillos, donde una legión de pulidores se esmera de modo permanente en limar cualquier asomo de mácula. Si el Hospital de las Cinco Llagas fuera Sevilla, se podría comer en el suelo. Sus magnolios son los más frondosos de la ciudad, hay dos hileras de olivos que dan gordales como cabezas de bebés y varios alcornoques que aún son bornizos, pero mañana brotará corcho esponjoso y retinto. Es el jardín de lo que los andaluces fuimos. Hay una bibioteca que recuerda a Oxford, un Blas Infante y un Plácido Fernádez Viagas de bronce y el fantasma de una monja enfermera que espanta el sueño de algunos diputados a la primera cabezada. Si fuera Sevilla, no haría ni calor.

Y, aun así, también hay una rata que no sabe de escaños, un roedor tránsfuga que entró por la bancada de Vox, atravesó el grupo popular y salió de bajo los asientos del Gobierno de Moreno y Marín. A Juan Espadas, que es alcalde de Sevilla, le han echado la culpa de la rata, por regir de modo descuidado una ciudad donde, además de humanos, hay roedores. Si Espadas contase con el prespuesto de mantenimiento del Parlamento para Sevilla, una alfombra de azahar tapizaría los adoquinos de Gerena y las Tres Mil brillarían como el sol del atardecer sobre Manhattan. Sus alcaldes se retirarían en Yuste.

Juan Espadas tendrá que dejar pronto la Alcaldía de Sevilla, porque los asuntos hispalenses pueden centrar el año que queda de legislatura. En el programa de Canal Sur de Teodoro León Gross, el alcalde confesó que se estaba yendo, que ya es candidato socialista a la Presidencia de la Junta y secretario general del PSOE-A, y que en la Plaza Nueva sólo queda cómo irse.

Espadas ha concluido lo que el PSOE debió acometer hace dos años, pero es mejor así, se ha ganado el liderazgo en unas elecciones y ha manejado con maestría la salida de Susana Díaz, sin humillarla. Juan Cornejo, que es el último de la verdadera casta de los fontaneros de San Vicente, ha arriado la bandera del susanismo en la sede, se va con honor un servidor del partido, su dimisión es el punto y aparte.

Ha entrado con buen pie, ha ofrecido el apoyo al PP en algunos asuntos y lo ha cumplido, pero la luna de miel durará poco, va a encontrar a un partido que ha dejado de ser una correa de transmisión entre sus dirigentes y la sociedad andaluza, los terminales están ocluidos, ni escucha ni palpa la piel. Más que recuperar la Junta, el PSOE será su deber.

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