El lado bueno
Ana Santos
¡Niño, deja ya el móvil!
La crudeza de la realidad en la que estamos inmersos hace que escribir esta columna sea, últimamente, una tarea difícil. El Lado Bueno me está costando encontrarlo. Cualquier tema del que escriba me parece banal cuando lo comparo con los problemas que nos rodean. ¿Cómo frenar ese impulso asesino y destructivo que nos sube por las venas al leer las noticias? Y ahí surge la pregunta: ¿qué hacemos con esa rabia y cómo se gestiona?
La información del exterior nos llega sin tregua y la vida cotidiana acaba sintiéndose como una carrera constante. Vivimos bajo un bombardeo continuo de problemas globales que nos deja una mezcla de estrés y culpa, por lo que seguir con la vida diaria se convierte en una estrategia para no colapsar ante tanto desasosiego. Quizás, por ello, quiero creer que mis palabras puedan servir para evadirnos un instante, tomar aire y recordar que, incluso cuando todo parece torcido, todavía hay pequeños lugares donde apoyarse: en el día a día, por ejemplo.
Simone Weil, filósofa francesa del siglo XX, escribió sobre cómo atender la realidad, no evadirla, incluso cuando es dura, y cómo esa atención profunda es, en sí misma, una forma de vivir filosóficamente la vida cotidiana. En su obra La gravedad y la gracia sostiene que la atención que prestamos al mundo, incluso en medio del dolor o la dificultad, es en sí misma un acto de humanidad; no podemos elegir las circunstancias que nos rodean, pero sí la forma en que las enfrentamos y cómo decidimos vivir a pesar de ellas.
Otra filósofa que enlaza con este tema es Marina Garcés, quien nos recuerda que seguir con la vida cotidiana (trabajar, cuidarse, conversar, reír) no es frivolidad, sino una manera de resistir y construir sentido. Es un acto que nos permite mantener nuestra humanidad sin dejarnos arrastrar por la ansiedad o la impotencia que genera la actualidad.
Así que céntrate en el hoy: piensa en tu resaca vacacional, en la digestión que aún estás haciendo de los polvorones y prepárate para los malabares que tendrás que hacer con el dinero que quedó en tu cuenta corriente tras los regalos de Reyes. Y si tienes hijos disfruta hoy de uno de los días más felices del año: la vuelta al cole, esa tan deseada que marca el regreso a las rutinas, a los horarios y al orden emocional que tanto ansiabas.
Apúntate al gimnasio, ponte el reloj inteligente que te ha regalado tu tía Paqui y cuenta los latidos que te faltan para poder cumplir las promesas que te hiciste el año pasado, y el anterior. No tengas prisa, al final todos vamos a morir tarde o temprano. ¡Feliz jueves!
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