NOTAS AL MARGEN
David Fernández
Andalucía, entre la lealtad y la pataleta
Delcy Rodríguez, nueva presidenta encargada de Venezuela, sabe todo de Zapatero. Cuando se dice todo es todo, incluyendo sus historias de dinero dentro y fuera de España, sus negocios con China, y los asuntos del oro venezolano en los que son expertos Delcy y su hermano Jorge. Íntimos los dos del ex presidente español. Ahora, ella es presidenta del gobierno y Jorge continúa de presidente de la Asamblea Parlamentaria. Poder máximo, controlado por Donald Trump desde hace cuatro días. Ha entrado en Venezuela como elefante en cacharrería y ha puesto en Miraflores a Delcy, la persona que más sabe sobre el chavismo, sobre Maduro, los militares, los banqueros afines y las andanzas de los que deciden sobre el petróleo venezolano. Y también sabe todo sobre José Luis Rodríguez Zapatero.
Zapatero, por su parte, sabe todo, o casi todo, sobre Pedro Sánchez, también sobre los negocios de destacados miembros del PSOE que tuvieron cargos ministeriales y en Ferraz, y que se están haciendo de oro en los emiratos, Guinea Ecuatorial y otros países africanos. También en República Dominicana, aunque en menor grado de lo que se cuenta comparado con los otros países. Los sanchistas ya pueden ir pensando en lo que les puede deparar a el futuro, porque algunas de las personas que hoy se encuentran entre las cuerdas, en prisión firme o preventiva, o a punto de entrar porque este semestre se celebran juicios importantes, pueden caer en la tentación de “colaborar con la justicia” para aliviar sus penas: dispuestos a responder a todo lo que les pregunte el juez.
Si a eso se suma que a Delcy le empiezan a llamar traidora porque aparentemente se ha puesto a las órdenes de Trump, y que toda apunta a que sus iniciativas van a ser promovidas desde la Casa Blanca, la situación para los sanchistas corruptos –pocos pero importantes– se presenta negra. Trump va a por todas. Se tiene que hacer perdonar la entrada a saco en Venezuela, secuestrar al presidente y su mujer provocando la muerte de su equipo de seguridad, casi todos cubanos. Lo ha hecho al margen de la ley y del derecho internacional, de normas y criterios. Y se hará con el control del petróleo venezolano. Hacerse perdonar significa sacar a la superficie no solo todo el horror que sufre el pueblo venezolano desde hace décadas, sino levantar acta de la corrupción chavista. Y tirando del hilo Delcy… los sanchistas corruptos tienen razones para echarse a temblar.
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