La esquina
José Aguilar
Sísifo revive en la izquierda radical
Pedro Sánchez y Vox han votado lo mismo. Al unísono. Cogidos de la mano. Muy sonrientes. Sí, lo mismo. Ni más ni menos. La misma ley, el mismo sentido, el mismo resultado. La llamada norma de multirreincidencia, esa que endurece las penas para los delincuentes reincidentes, ha unido lo que parecía imposible: al presidente más progresista de la galaxia y al líder de la derecha más pura y dura. Si esto no es reconciliación nacional, ¿qué es? Durante años, y conforme más elecciones va perdiendo Pedro, el PSOE ha predicado que Vox es el mal, la sombra, la amenaza del fascismo. Los ha usado como espantajo moral, como coartada para no rendir cuentas de nada. Para acusar al PP de ser lo mismo que la ultraderecha quien les hace crecer como gremlins, pero les han debido brotar a los sanchistas a medianoche. Pero cuando llega la hora de votar, resulta que Sánchez levanta la mano en el mismo instante que Abascal. Coincidencia o matrimonio parlamentario, lo cierto es que piensan igual. Y uno no puede evitar imaginárselos: Sánchez y Abascal, mirándose a los ojos en el Congreso, descendiendo juntos al registro de votaciones, compartiendo una papeleta como si fuera un anillo. “Querido Santiago, votemos esto juntos.” “Claro, Pedro, pero sin fotos, que se nos cae el relato.” Ambos unidos por el mismo propósito: evitar la multirreincidencia. Juntos en la misma cama política. Los votantes socialistas, tan ocupados en denunciar al monstruo ultraderechista, deberían mirarse al espejo. Porque si Vox es fascista, ¿qué es ahora el PSOE? ¿O es que las convicciones cambian según el escaño y la conveniencia? Sánchez no vota como Vox por ideología, sino por instinto: la misma supervivencia de poder que mueve a ambos. Y, mientras tanto, los mismos que dicen que PP y Vox son “un peligro para la democracia” comparten votación con ellos. No por amor a la patria, sino al poder. Su problema no es con la derecha, sino con que ésta no mande nada como regodea Aizpurúa. Les arrebataron los cargos, los sillones y el monopolio moral. Eso sí que les dolió. Así que ahí los tienen, queridos votantes del PSOE: Pedro y Santiago, de la mano, unidos por un voto y una contradicción. Uno con chaqueta entallada, el otro con chaleco de cazador. Pero los dos juntos, dormidos en la misma cama de la incoherencia. Si esto no es una historia de amor político, que baje el CIS y lo cuente.
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