Político en cien días

La salud de Olona

Salvo las altas médicas, en general, todas las razones médicas suelen ser ajenas a la voluntad del paciente

Oséase, que diría la excandidata a la presidencia de la Junta en una demostración más de la sangre andaluza que le corría por sus venas. La salud de la señora Olona es incompatible con la exposición mediática a la que te somete el ejercicio de la oposición desde el tercer grupo de la cámara. Otra cosa habría sido ocupar la vicepresidencia de la Junta de Andalucía, en la que, tal y como se deduce de sus explicaciones, no deben llover los palos. Porque solo así se puede entender que, según sus propias palabras, acabara la campaña como pudo, pero prometiendo la entrega que Andalucía merece y exige; que ahora sabemos todos, es mucho menor que la que se demanda a un parlamentario de la oposición.

Olona deja la política "por razones médicas ajenas a su voluntad". Salvo las altas médicas, en general, todas las razones médicas suelen ser ajenas a la voluntad del paciente y nada invita a pensar que esta sea la excepción. Ni que este sea un caso de machismo de la dirección de su partido, que no le haya permitido tomarse una baja como ella misma denunció que le ha ocurrido a su antagonista Adriana Lastra. Lo suyo, y en ausencia de mayores explicaciones de la afectada, presenta un claro cuadro médico con riesgo de infarto. Efecto secundario nada descartable cuando se comprueba que tu sueldo de 117.698,84 euros al año como diputada nacional se convierte en 64.316 euros como parlamentaria andaluza. A los que hay que descontar el gasto de alquiler de un pisito en Sevilla. Salvo que se tenga otro amigo como el de Salobreña, que te deja las llaves de su casa y se muda a la planta de abajo. Y es que, como ella debía saber cuando se presentó en las elecciones, los pisos están tan por las nubes como por el suelo, la sanidad. Sostiene el conocido profesor Shameless que una enorme proporción de las decisiones políticas (y no políticas) se explica conforme a la doctrina del marxismo de Al Capone. Según este pensamiento filosófico, la mayoría de las decisiones que tomamos responde a una explicación económica basada en los principios del destacado empresario americano. Sentada esta base, si comparamos la remuneración que esperaba recibir con los entre 50 y 60.000 euros que cobrará como abogada del estado en su pueblo, superado el amago de infarto, la mayoría de nosotros nos pensaríamos muy mucho el traslado a provincias y nos iríamos de la empresa. Y mejor que sea así y no un verdadero problema de salud.

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